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Lit Killah: “Quería inventar mi propio estilo y estoy seguro de que lo logré”

El artista protagoniza una nueva edición de Caja Negra, con Julio Leiva, donde habló de su historia, del presente del rap en Argentina, de su opinión sobre el autotune y más.

Lit Killah:

Lit Killah: "Quería inventar mi propio estilo y estoy seguro de que lo logré"

Se llama Mauro Román Monzón, aunque en la escena se le conoce como Lit Killah. Tiene más de tres millones de seguidores en Instagram y es uno de los exponentes del rap y la trampa en nuestro país.

“Si la cultura del rap o del hip-hop no existiera, me matarías, porque desde que tengo memoria, he estado haciendo graffitis, yendo a clases de baile, lo único que me he perdido es un DJ. Yo patinaba con los niños o bailaba cumbia”, confiesa el artista en un diálogo con Julio Leiva para una nueva edición de Caja Negra.

Nacido González Catán, solía ver videos de estilo libre en Internet. “De donde yo vengo, no había rap, aprendí sobre el estilo libre a través de los videos de YouTube caminando por ahí y apareció un video, no sé cómo, era uno de un tipo cometiendo errores, y me reí y miré más y más, me llamó la atención”, recuerda el artista.

“Escuché rap antes, pero no sabía que había batallas de estilo libre, y me volvió loco, me convertí en un fanático. Pasé cerca de dos años viendo 20 batallas por día o algo así”, continúa.

Así es como empezó a frecuentar las plazas del barrio. Según él, se trataba de competiciones clandestinas con un máximo de 30 participantes, que le ayudaban a poner las cosas en movimiento y a controlar los nervios.

“Siempre he sido muy tímido, parece, pero cuando se trata de rap, todos somos tímidos porque puedes descontrolarte o algo así en cualquier momento y quieres matarte. Hice amigos y les dije que fueran a otros lugares conmigo. Sólo uno de ellos me siguió, y empezamos a ir a Liniers y Ramos, a Mataderos Free Style, donde hice más progresos”, dice.

En este camino conoció a El Quinto Escalón, el lugar de nacimiento de muchos artistas. “Siempre estaba, no sé si la palabra es incierta, pero algo así. Siempre he dicho, “Uh, voy a competir con este, me va a quebrar”, era como si nunca hubiera entrado en una pelea con una actitud de ganador. Mi estrategia para ganar fue hacerme consciente de que el otro tipo rompería todo y luego sacaría una mochila, y si sabía que iba a perder, rapearía mejor”, dice.

“Cada vez que fui, fui con la mentalidad que perdí. Si dijera “ahora estoy ganando”, me pondría más nervioso porque estoy exagerando a un nivel que no estoy acostumbrado, así que hablaría lo más alto posible. Las compensaciones que gané o tiré los minutos de virus, las hice todas con la mentalidad de perder. A todos les pareció extraño”, añade.

No fue un camino fácil. Antes de convertirse en Lit Killah, recuerda haber tenido un ataque de pánico y haber tenido que ir a un psicólogo: “Lo pasé muy mal y una banda me hizo cambiar mi forma de pensar y mi vida. Cuando tuve eso, pensé que era el único, como si fuera un fla fla que me había pasado y que iba a morir, que en realidad después de hablar con los amigos, había pasado mucha gente y eso me daba tranquilidad. Hoy en día estoy súper lleno de confianza desde hace años, he sido capaz de mentalizarme y no me ha pasado nada, ni de cerca”, dice.

Por su parte, cuando empezó a ganar sus primeros ingresos con la música, su padre perdió su trabajo como carnicero en un refrigerador después de que se le resbalara un disco.

“El ART no pagó, no pudo trabajar. Mi vieja trabajaba, pero ganaba poco por mes, no podía alimentar a una familia. Todo lo que gané en el Baile Libre se lo dejé a mis padres. Si ganara 3.000 pesos, les dejaría 2.500 pesos. Incluso abrimos un quiosco en mi casa, que visité como Lit Killah para recoger la mercancía. Yo era famoso pero no el más famoso, vinieron a comprar y me felicitaron. Entonces el quiosco funcionaba mal, mi viejo no recuperó su dinero, fue una mala consecuencia. Eso me hizo más fuerte, porque si antes ponía toda mi energía en la pasión, ahora tengo que poner más pasión porque sé que existe la posibilidad de que pueda devolver a mis padres lo que me dieron de niño”, dijo.

Luego continúa: “Lo que ahorré para comprar un coche, todo ese dinero, y cuando estaba a punto de llegar al número, el quiosco se averió, con el dinero compré un coche para mi viejo, compramos un Peugeot 504 para que al menos pudiera remar, d