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Coronavirus en Argentina: la mitad de las empresas disminuyeron su actividad

Otro 25% mejoró y el 25% restante se mantuvo sin cambios. Dos tercios de las empresas esperan una "recuperación" en seis a doce meses.

Coronavirus en Argentina: la mitad de las empresas disminuyeron su actividad

Coronavirus en Argentina: la mitad de las empresas disminuyeron su actividad

La mitad de las empresas medianas y grandes del país redujeron su actividad durante la pandemia, mientras que el 25% permaneció en el negocio y otro 25% vio mejorar sus ingresos, según una encuesta de la consultora Deloitte. Sin embargo, a pesar de las repercusiones de la pandemia y la cuarentena en el conjunto de la economía (cuyas consecuencias probablemente sean aún más profundas que las de la crisis de 2002), el clima de “limitación de los daños” en las empresas es más moderado: dos tercios de los encuestados confían en que volverán a su nivel de actividad y rendimiento financiero en un plazo de seis a doce meses.

La encuesta “Manejando la incertidumbre bajo la nueva realidad” realizada por Deloitte Argentina, llevada a cabo conjuntamente por el Santander Argentina y la Universidad CEMA, fue presentada en una reunión en Internet. Empresas privadas de origen argentino (al menos la mayoría de su capital) con una facturación de entre 600 y 6.000 millones de pesos al año participaron en el trabajo realizado dentro del programa de Deloitte “Las mejores empresas de Argentina”. Otras características de los encuestados son que han estado en el negocio por lo menos 5 años, han presentado estados financieros auditados en los últimos 3 años y han obtenido beneficios en por lo menos dos de estos períodos.

Entre las principales conclusiones se encuentran:

  • El 50% de las empresas de la muestra declaró que sus ingresos habían disminuido con .
    • El 64% de las empresas han adaptado su oferta de para cumplir con los nuevos requisitos y/o para mantener el negocio en funcionamiento.
        • El 71% de las empresas minoristas han visto crecer sus ventas en línea
            • 25% estiman una reducción de al menos un 10% en sus gastos debido al modo de trabajo a distancia.
            • En general, ha reducido o suspendido las horas extras, los turnos o las horas de trabajo de un tercio de las empresas .
                • El 70% de las empresas intensificaron sus medidas de comunicación con el fin de amortiguar los efectos del cambio en los métodos de trabajo.

                Según la encuesta, los ingresos de las empresas encuestadas aumentaron en un 25%, se mantuvieron en el 25% y cayeron en un 50%.

                Pero en el sector financiero, la gran mayoría no mostró signos alarmantes de sus compromisos: el 40% mantuvo su nivel de deuda y tres cuartas partes, el 74%, no reprogramó sus préstamos. También son optimistas sobre el período de recuperación: el 65% de los encuestados estimaron que duraría entre seis y doce meses.

                Este escenario “esperanzador”, como se define en el propio estudio, contrasta con la proyección macroeconómica del propio poder ejecutivo: Según el proyecto de presupuesto para 2021 presentado al Congreso, el producto nacional bruto (PNB) caerá este año un 12,1%, lo que supondrá la peor recesión de la historia reciente (la mayor caída de la actividad económica hasta la fecha se produjo en 2002, cuando el PNB cayó un 10,9%).

                En cuanto a las operaciones, un tercio de las empresas han reducido o suspendido las horas extras, los turnos o la jornada laboral. En las empresas del sector del comercio, el 47% redujo los turnos y el 29% las horas de trabajo. Las empresas manufactureras redujeron o suspendieron las horas extras (39%), las horas de trabajo (28%) y los turnos (39%). Y en el sector de los servicios, las horas extras (41%), las horas de trabajo (38%) y los turnos (32%) fueron reducidos o suspendidos.

                Sólo el 6% de las empresas realizaron una interrupción completa de sus negocios. Y en el sector comercial, sólo el 18% de las empresas cerraron algunos puntos de venta durante la emergencia. Dos tercios de las empresas encuestadas (64%) dijeron que habían adaptado su oferta “para satisfacer nuevas necesidades y/o mantener las operaciones en funcionamiento, distinguiéndose las empresas del sector de servicios por esta adaptación”.

                Recomendaciones

                El trabajo incluyó una serie de recomendaciones relacionadas con las respuestas de los encuestados, que se desglosaron por área de negocio. En lo que respecta a los clientes, las recomendaciones hacen hincapié en el aumento de la capacidad de la empresa para el comercio digital y el uso de plataformas tecnológicas que favorezcan el autoservicio; la reevaluación de los puntos de venta físicos (personal, locales, horarios, entregas, protocolos, etc.) con el fin de reducir los riesgos; la definición de mensajes clave y la ampliación de la comunicación con los clientes, centrándose en las medidas de salud y seguridad. Por último, se recomienda “considerar que los aspectos sociales y ambientales tendrán un mayor impacto en la preferencia de los clientes”.

                En el ámbito financiero, Deloitte recomienda “seguir centrándose en la corriente de efectivo y el capital de explotación, dando prioridad a la gestión del efectivo y proporcionando proyecciones de la corriente de efectivo para el próximo trimestre, y considerando reservas de efectivo adicionales en caso de nuevos brotes”.

                también señala la necesidad de “asegurar la disponibilidad de las líneas de crédito ya concedidas, diversificar las fuentes de financiación y reestructurar las que sean necesarias”. Otras medidas que se adoptarán: “Establecimiento del ciclo de efectivo como indicador clave. Supervisar la cartera, optimizar las existencias y buscar mejores condiciones de pago; evaluar los instrumentos financieros que permiten mitigar los riesgos (por ejemplo, el tipo de cambio, el aumento de los precios de las materias primas, etc.) Identificar las reducciones de costos y los gastos que no afectan a las operaciones y/o al crecimiento futuro”.

                Otras recomendaciones son de carácter fiscal y tributario: “Realizar una planificación fiscal y aprovechar los incentivos aplicables a cada lugar. De ser posible, dar prioridad al restablecimiento de los balances favorables; automatizar la preparación de informes financieros y estados contables para acelerar la adopción de decisiones; identificar los riesgos asociados a las estrategias financieras aplicadas; examinar las políticas y procedimientos para evitar en la medida de lo posible los gastos no deducibles”.

                En la llamada “zona de operaciones”, el estudio recomienda la “planificación colaborativa” con los clientes y la inversión en herramientas que proporcionen una visibilidad en tiempo real del inventario. Entre otras cosas, también recomienda “la introducción de prácticas que contribuyan a la continuidad de toda la cadena (por ejemplo, el progreso con proveedores críticos, la revisión de cláusulas o contratos, etc.)” y “la reanudación de los proyectos pendientes y la consideración de la desinversión en áreas de negocio no rentables en la nueva realidad, liberando así el capital de trabajo”.

                Por último, en lo que respecta a los recursos humanos y la política de recursos humanos, Deloitte recomienda, entre otras cosas, “considerar la posibilidad de normalizar el trabajo virtual, establecer nuevos objetivos e indicadores de rendimiento y ofrecer tecnologías de comunicación para las operaciones” y “identificar al personal destacado durante las emergencias y desarrollar sistemas de reconocimiento monetario y/o no monetario”.

                LC