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El golpe a la clase media complica la recuperación económica

Los estratos medios reducen sus gastos debido a la pérdida de ingresos y a la falta de trabajo. Se espera que el consumo privado, que representa el 70% del PIB, disminuya.

El golpe a la clase media complica la recuperación económica

El golpe a la clase media complica la recuperación económica

La crisis está golpeando con especial fuerza el corazón de la clase media, obligándonos a repensar la estrategia de impulsar el consumo para reactivar la economía. Presionados por la recesión y la larga cuarentena, los hogares de clase media están “sin ingresos, necesitados y no acostumbrados a recibir ayuda del Estado”, resume Guido Lorenzo de la consultora LCG. Esta vez, añade la economista Victoria Giarrizzo, la recuperación dependerá de la actividad industrial y no de la demanda interna.

El contexto actual es una encrucijada si consideramos que el consumo privado representa el 70% del PIB. Y que una de sus fuerzas motrices son los sectores de ingresos medios, que están siendo sofocados por la pérdida de poder adquisitivo, la falta de empleo y la deuda. Se trata de un universo de 6,3 millones de hogares con 17 millones de personas viviendo en ellos, lo que representa el 45% de la población. Estas son las cifras de la empresa consultora W, que fueron compiladas antes de que comenzara la cuarentena.

Su director, Guillermo Oliveto, deja claro que la recuperación económica “viene más despacio de lo que debería” debido a la reapertura de las actividades. El experto afirma que la pandemia no se está desacelerando, lo que dificulta los sectores clave como el turismo, las compras y la restauración. “Subestimaron el virus y la crisis”, dice.

Los economistas predicen un descenso del 12% este año y una recuperación del 5,5% para 2021. La mayoría también estima que la economía no volverá a los niveles anteriores a la crisis hasta 2023. “En el contexto actual, con el aumento de la pobreza y la alta inflación, no tiene mucho sentido depender del consumo y del mercado interno”, dice Lorenzo, y añade que el gobierno está jugando un doble juego para revivirlo: obras públicas y exportaciones.

Pero la demanda interna es vital. El economista de Analytica, Ricardo Delgado, señala que “una vez superada la pandemia, el fortalecimiento del consumo privado es el requisito básico para la recuperación. Sin embargo, esto es “imposible” en el contexto de “la caída de los ingresos reales y la gran pérdida de puestos de trabajo”, dice. Delgado cree que para aumentar el consumo, primero hay que estabilizar el nivel macro y reducir la inflación. “El resto son esteroides anabólicos y atajos”, concluyó.

Las estadísticas reflejan con precisión el impacto de la cuarentena en el consumo. En el primer semestre, según W, las ventas cayeron en casi todos los sectores: automóviles (-39%), motocicletas (-40%), electrodomésticos (-24%), ropa (-43%), construcción (-38%), oficinas de cemento (-30,5%), accesorios de construcción (-27%), tiendas minoristas (-33%) y centros comerciales (-55%). Incluso el consumo masivo, que registró un aumento del 2,3% en los primeros seis meses del año, comenzó a disminuir gradualmente: 0,5% en julio y 5,4% en agosto.

Este último merece una atención especial. Según los analistas, la cuarentena provocó una reducción de los ingresos reales, pero también de los gastos en transporte, ropa, viajes de fin de semana, gasolina, turismo y ocio. “Con la apertura gradual de las actividades, estamos empezando a ver una pérdida de poder adquisitivo”, explica Oliveto. Esto afecta particularmente a los supermercados, cuyas ventas cayeron un 7,5% en agosto, muy por encima de la media general.

El supermercado, para los especialistas, concentra el interés principalmente de la clase media. “En la cuarentena, este fue el único canal que registró un aumento de las ventas, a diferencia del autoservicio y otros canales informales. Esto sucedió en todo el mundo”, dice el analista de Nielsen Javier González. Pero la tendencia comenzó a cambiar en agosto y se profundizó en septiembre con la disminución gradual de las restricciones de trabajo y de viaje.

El consumo masivo hoy en día está “al mismo nivel que hace 10 años, pero con una población mucho mayor”, dice Sebastián Corzo, director de la consultora Kantar Insights. En este sentido, el experto señala que la evolución del gasto de los hogares vinculado al consumo de productos básicos está estrechamente ligada al contexto macroeconómico. “Los segmentos alto y bajo (a través del IFE y otros planes subvencionados) no se vieron afectados de la misma manera. El mayor deterioro se observa en el centro de la pirámide social”, añade Corzo.

En este aspecto, Oliveto contrasta el consumo de la gente en casa y en la calle. Los ahorros del sistema penitenciario dieron lugar a un “fenómeno ilusorio” entre las personas cuyos ingresos podían soportar mejor la crisis. “Pero el dinero era suficiente”, concluye.

En este punto en particular, Damian Di Pace, director de la empresa de consultoría Focus Market, utilizó un caso de la vida real, el de un estudiante universitario de 26 años, para examinar los ingresos y el consumo antes y después de la cuarentena. “Nicolás está estudiando para obtener un título en Sistemas, vive con sus padres, tiene un coche pero también utiliza el transporte público. En su lugar de trabajo, le recortaron el sueldo y no recibió ninguna bonificación de Navidad. Así que antes de la cuarentena tenía unos gastos mensuales de 50.642 pesos, que se redujeron a 24.668 pesos o el 105%”, explicó el experto.

El consumo cayó al igual que la masa de ingresos, dos tendencias que convergen en la economía. “El poder adquisitivo de los hogares está un 20% por debajo de los niveles previos a la cuarentena y el 67% de los hogares están endeudados de alguna manera”, señala Giarrizzo. Por esta razón, el economista cree que los programas de incentivos al consumidor (por ejemplo, la ampliación de los programas “Ahora 12” y “Motocicletas para todos”) “podrían exacerbar el problema”.

Así que la recuperación económica plantea un gran interrogante. “El alto nivel de incertidumbre”, interpreta Delgado, “complica los demás componentes de la demanda (inversión y exportaciones), que no estarán disponibles y que también tendrán un menor impacto en el PIB a corto plazo. En su opinión, la clave para reanudar el consumo es lo que requiere condiciones clave. “Para reducir la inflación a un nivel entre el 25 y el 30% y tener un margen de maniobra en el manejo del dólar”, enumera.

no son tareas fáciles. Sin embargo, no todos están de acuerdo. Para Giarrizzo, la producción está del lado de la producción y la actividad industrial. Con las cifras del presupuesto en el horizonte, Lorenzo cree que el gobierno tratará de reactivar la economía a través de obras públicas y un aumento de las exportaciones. “Se espera que el PIB crezca un 5,5% y las exportaciones un 10%. De ello se desprende que la demanda externa crecerá dos veces más rápido que la interna”, interpretó el economista.