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Estados alterados (es desconfianza, estúpido)

Los propios asuntos internos del gobierno generan, entre otros detalles, un aumento de los diversos dólares no oficiales. Las trampas de la mayoría colapsaron cualquier acuerdo para el presupuesto de 2021.

Estados alterados (es desconfianza, estúpido)

Estados alterados (es desconfianza, estúpido)

La desconfianza pública hacia el gobierno no es una plaga que provenga de alguna región exótica Es creado por el gobierno desde dentro. No son dignos de confianza porque Alberto, Cristina y Massa no confían el uno en el otro, juegan fuera de juego, esperan que el otro lo haga mal, y si uno de ellos lo hace mal, los otros no lo ayudarán. El público advierte que tienen una nariz de pampa para evitar que estén en el poder cuando muestran debilidad. Así que reducen los riesgos evitando todo lo que depende del gobierno, empezando por la moneda. Esta debilidad genera la cuenta propia del país ocupante, la justicia por sus propios esfuerzos, la economía informal y el dólar paralelo. Es simple: en la sociedad actual el público – el mercado, para usar una palabra que se ha vuelto obsoleta – resuelve los conflictos mejor y por sus propios esfuerzos que el Estado – para usar otro término que se ha vuelto obsoleto – puede. El público también lee el rostro de la desconfianza entre los miembros de la trifecta oficial, que se dejan arrastrar a la lucha por el poder para hacerse cargo del futuro, que no son las posiciones actuales sino las posiciones electorales a impugnar en 2021. Todo el mundo está jugando en este tablero; quien domine controlará la estrategia de las elecciones presidenciales de 2023. El cuadro de desconfianza da forma a los análisis que los expertos proporcionan sobre todas las señales. Ricardo Arriazu, uno de los economistas más consultados, da otro giro al principal problema del gobierno. No es una cuestión de nombres o estrategias. “Están bromeando, pero tienen cierto margen de maniobra. Si no tienen confianza, se les acabarán los instrumentos”, dijo en la presentación que hizo el jueves a los invitados del Fondo Quinquela. La desconfianza inhibe los beneficios que podrían obtenerse de los activos desperdiciados. Uno de ellos es el choque en el debate sobre la deuda entre Alberto Fernández y Cristina de Kirchner: actuaron sin distinción apoyando las negociaciones con los tenedores de bonos privados. Imposible de lograr si hubieran actuado con la misma facilidad y falta de solidaridad que en otras cuestiones. Otra ventaja es que quienes rigen la política cambiaria -Guzmán, Miguel Pesce o Cecilia Todesca- parecen entender cuál es el problema cambiario. Pero no les basta con encontrar una salida, no por un error de diagnóstico, sino por las dificultades para conseguir una solución aceptada por el público que desconfía de ella.

El presupuesto no se convertirá en una “ley Guzmán”

La división del peronismo no comenzó ahora; calculó el destino de esta fuerza en los últimos 20 años, la mitad de los cuales fue en el ciclo de Kirchner, y lo superó con el acuerdo que desbancó a Cristina del primer lugar en la fórmula. Incluso si no se remedia con estas extravagantes ocasiones, como el reencuentro de la Vicepresidenta con los principales críticos que tuvo bajo sus dos presidencias. Combinó un objetivo legítimo: ganar, mantener y no perder el poder. Las cosas le salieron bien, pero la obliga a una permanente batalla interna por el control del nuevo proceso, algo que heredó, no eligió y no puede renunciar, a riesgo de perderlo todo por las ambiciones de sus socios. Estos resentimientos respaldan la tesis más rancia del peronismo de K.: quien negocia es un traidor. Esta opinión cierra el camino a una asociación constructiva con la oposición, que podría ser la base para una cierta reconstrucción de la confianza. Ninguno de los tres se anima a avanzar porque temen comprar el costo de la soledad en este proceso, por ejemplo en un pacto con la oposición. Martín Guzmán lo logró en dos ocasiones, aprobando leyes como la Ley de Emergencia (diciembre) y la Ley de Reprogramación de la Deuda (enero). Pidió otra ley con el mismo consenso para poder negociar con el FMI: el presupuesto que quiere adoptar por unanimidad o lo más cerca posible del apoyo masivo de la oposición. La razón de ello es impresionar al FMI, como a los tenedores de bonos privados antes que él, con el apoyo de la oposición, lo que asegurará cierta sostenibilidad a los interlocutores sospechosos. El Fondo lo pide cuando pide un “amplio consenso”. El Ministerio de Finanzas y el Jefe de Gabinete desviaron el bloque de “Juntos por el cambio” durante una semana con negociaciones sobre una declaración que satisficiera a todos. Cuando pareció que había una base para el acuerdo, se pararon en el Do

¿Quién paga la cuenta del internalismo?

¿Cuál fue la razón para interrumpir esta conversación, ya aceptada por todos como un medio para asegurar la sostenibilidad? Valía más el beneficio de vigilar a la oposición para no ablandar dentro de la coalición que el interés público que puede tener un presupuesto aprobado por una mayoría casi completa. Es un daño adicional a la inestabilidad general, porque en la Cámara de Representantes el gobierno ganó votos, pero con el número correcto, como ocurrió en la votación especial de la ley que muestra a los laboratorios la forma rápida de producir la vacuna contra la peste, en la que ganaron con sólo 127 votos, dos menos que los 129 requeridos para una sesión. En cualquier legislatura normal, le habría costado al jefe del bloque gobernante o al Presidente de la Cámara de Representantes su cabeza. No es el caso de Pierri o Rafael Pascual o Julián Domínguez o Emilio Monzó. ¿Quién paga? Algunos dirán que el país, pero esta cuenta la paga Guzmán, hoy la luz en sus ojos por Alberto, un papel que hizo para Macri en el trío Peña-Quintana-Lopetegui, si me perdonan el juego de palabras. Estas luchas se adornan por necesidad: el gobierno lucha por el poder en el palacio, aunque la víctima es el interés público. Esto da inmunidad a Máximo y a Massa, aunque no puedan cumplir con el mandato básico de un legislador, que es el de formar mayorías factibles, no el de ganar partidos en tiempo suplementario o en penalidades. Control sobre cada programa. Este es el drama de los gobiernos débiles.

El aborto, una señal de desconfianza entre los socios del gobierno

El malentendido llevó a la cama a Massa, que había organizado las reuniones virtuales de una semana con los legisladores y gobernadores de Cambiemos. El fin de año se acerca, diría Adolfo, y el cuerpo lo siente. Tal vez esté destinado a convertirse en un bisturí porque fue arrastrado por otros cuchillos en la cúpula. De esta manera, debe mencionarse el complot para devolver el proyecto de despenalizar el aborto. Consiguió aplazar la reunión que se le había impuesto a través de la prensa, con Cristina y las organizaciones de pañuelos verdes. Se enteró de este encuentro por los periódicos, como le sucedió a Alberto, que apoya el proyecto, pero tiene el pie en el suelo para un mejor momento. Causó un incendio en la sala de máquinas de Olivos, donde coexisten dos alas: la secular y la libre, la papal y la profana. Entre estos últimos -junto con Santiago Cafiero y Vilma Ibarra- se encuentra la asesora presidencial Dora Barrancas, quien dijo a una radio que Massa iniciará el proyecto este jueves (pasado) con Cristina y una delegación de mujeres verdes. “No sé si no estoy siendo infiel”, dijo. El ala papal – Béliz, Valdés – corrió a Olivos para pedir un informe, y Alberto dijo que también se había enterado por la radio. Es prisionero de la iniciativa de la que habla siempre que puede, pero cree que no le conviene precipitarse. Un consultor de publicidad trató de convencerlo de que no estaría mal reemplazar un verde por otro verde, el dólar por la bufanda. Trapisondas, aunque molesta a quienes, como Alberto, promueven este proyecto por sus creencias, una glándula disfuncional al menos en Massa, que, como Massa y Cristina, no dejaron sus creencias en la puerta, sino que deben haberlas perdido en el viaje de regreso a su patria.

Massa con dos puntos: verde y celeste

Massa se cayó y pospuso la reunión hasta el próximo miércoles, pero se celebrará no sólo con organizaciones “verdes” sino también con “celestes”. El jefe de los diputados se salvó de la obligación de votar el proyecto de ley anterior en 2018 porque no era diputado. Pero su esposa Malena obtuvo la luz verde. Sin embargo, los diputados que dirigía en ese momento votaron en contra del proyecto por una mayoría de 9 de los 11 votos. También habrá notado el silencio de Cristina, que preside el Senado y apoyó el proyecto de 2018, pero se aseguró de que el peronismo contribuyera con un voto clave al voto del “No”, que ganó la iniciativa y provocó el cambio de rumbo, con el traslado de la senadora Silvina García Larraburu de su cuadra a Miguel Pichetto, donde mantuvo el rechazo del proyecto, junto con el principal opositor pro-aborto de esta cámara, José Mayans, que ahora es el presidente del grupo cristiano. Massa quiere hacer el debate horizontal, porque entiende la dificultad, si lo envían ahora, de superponerse al debate sobre el presupuesto o la ley contra la reelección de los ricos. Es un hombre con una fuerte formación en bilocación: En las últimas elecciones presidenciales de EE.UU., levantó la mano a Trump y Hillary sin pasarse el rímel. También sabe que en esta batalla de 2018, Macri lanzó el proyecto de dividir la oposición, al igual que Carlos Menem había planteado anteriormente el mismo problema con el mismo objetivo durante la Convención Constituyente de 1994. Se protegió diciendo que estaba en contra, pero el proyecto avanzó y dividió aún más el aparato de la administración pública. Pasaron muchos meses antes de que Mario Negri pudiera unir el bloque Cambio, atravesado por las heridas de la lucha interna. Esta fue una herida política del partido gobernante de entonces, que agravó la crisis de este gobierno, cuya economía había estado en picada desde diciembre de 2017. La lucha fue ganada por Macri y Bergoglio, dos oponentes del peronismo en ese momento.

Los beneficios otorgados por el Senado, aunque faltan los votos

La promoción del proyecto de aborto está haciendo que el gobierno esté insatisfecho con el Papa. Además, los sectores celestiales han encontrado algo que no tenían en 2018: la militancia de los obispos, que desde enero se han pronunciado dos veces contra el aborto. Los jóvenes activistas antiabortistas se reúnen diariamente para organizar campañas apoyadas por las iglesias evangélicas. En el enrejado que protege el Palacio del Congreso ya hay una guerra de habitaciones. Los “Verdes” han colgado docenas de pañuelos para promover sus lemas. No duraron mucho, porque una banda de “Celestes” los derribó y se los puso. Los hashtags #Abortoesburst, #Abortoesdischarge o #sihayabortoardetodo, han sido considerados temas de moda en los últimos días. Los curas de los pueblos, que son militantes del gobierno hoy en día, están en contra de ellos y representan otra semilla de división, que tiene un gran impacto en las clases medias y medias bajas. Otros librepensadores del gobierno, como Juan Grabois, tampoco están involucrados en el proyecto. “Mis colegas me llamaron al orden y me dijeron que era un asunto de mujeres. Soy orgánico, me lo pidieron y ya no hablo”, dijo el jefe del CTEP en agosto. El gobierno teme que sea otro vicentín, lo que también perjudica la identificación de muchos en el gobierno con Francisco. Para el Papa, Macri era un hombre imprudente y oportunista cuando planteó el tema del aborto. Este gobierno tiene más deudas con él, como si quisiera darle el consentimiento para abortar, sobre todo cuando el Papa es argentino. Massa y Alberto sienten un punto en esta conspiración. ¿Quién es el banco? Y dirigen su mirada al Instituto Patria, desde donde ella guarda silencio y nunca confirma la llamada que publicó el asesor de Barranco. Esto es de esperar, porque incluso en 2018 no apareció en el debate, excepto el día de la votación. Entre los sectores que se oponen a la despenalización, creen que este silencio anuncia la estrategia de llevar el proyecto al Senado, donde tiene más posibilidades de ser aprobado. Hoy no tienen tantos: una veintena de los celestes es 35 votos más alta hoy, o 36 si José Alperovich reaparece y vota como lo hizo en 2018. El Sí de los Verdes tiene 32, y hay cuatro empates en los que se concentrará la presión de los dos sectores. El Senado es también la cámara con menos posibilidades de enmendar el proyecto de ley, que, aunque no se conoce la letra, contiene cláusulas distintas de la v