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La economía en la pandemia: Definiciones demoradas y una nueva oportunidad para la Argentina

La caída de la economía estadounidense debilita el dólar y favorece la recuperación de los precios de las materias primas, lo que resulta alentador para América Latina.

La economía en la pandemia: Definiciones demoradas y una nueva oportunidad para la Argentina

La economía en la pandemia: Definiciones demoradas y una nueva oportunidad para la Argentina

La disminución de la actividad en los Estados Unidos en el segundo trimestre ha reforzado las peores previsiones económicas para 2020 debido a la pandemia de coronavirus.

La disminución de la actividad anualizada fue del 32,9%, lo que desencadenó otra ronda de caídas de los tipos de interés mundiales. El Bono del Tesoro de EE.UU. a 10 años rindió 0,54% el viernes, reforzando la idea de que el planeta está viviendo en una “era de dinero gratis”.

Al mismo tiempo, China comenzó a recuperarse tras el colapso del primer trimestre, por lo que las dos principales economías del mundo están comenzando a esbozar una recuperación especial con recesiones, precios y valoraciones sin precedentes de las empresas de tecnología a través de las nubes y niveles sin precedentes de liquidez internacional de los planes fiscales expansivos de los gobiernos para cumplir con el covid-19 y sus consecuencias en términos de pérdida de ingresos para las familias y los empleos.

Hace unos días, el economista Fernando Marengo del estudio Arriazu de nuestras fuentes arriesgó un posible futuro al afirmar que “el escenario de una recuperación implicaría una reversión de la ‘mosca de la calidad’, que se reflejaría globalmente en una depreciación (ya observada) del dólar, la consecuente recuperación de los precios de los productos básicos y los precios de los activos (bonos y acciones) en los mercados emergentes y la consiguiente reducción del riesgo país de estos países”.

Este escenario de un cambio hacia el capital (inversión de la marcha hacia la calidad) de los mercados centrales a los emergentes favorecería a América Latina. El gobierno argentino podría tomar nota de ello y prepararse para una etapa diferente a la que está atravesando actualmente.

La posible tonificación de los productos básicos podría abrir un mejor escenario para las exportaciones argentinas, que siguen atrapadas entre la carga impositiva y la tensión cambiaria mantenida por la brecha del dólar que define la brecha cambiaria.

La brecha entre el funcionario mayorista de 72,32 pesos y el contado con liquidación (de la compra y venta de bonos denominados en dólares) de 122,66 pesos es del 70%, y para el banco central la marcha inflacionaria es un problema.

Un dólar alto, en demanda (3,3 millones de personas compraron 200 millones de pesos en junio, mucho más que en los meses anteriores) y sin oferta de compensación, está causando dificultades a los importadores y a las previsiones del sector privado a la hora de fijar el precio de venta de los productos con un componente de importación.

En el caso del banco central, la tensión está ahí porque en la práctica es el único oferente de dólares en un mercado que quiere más, y por lo tanto ha decidido subir la tasa de interés para los vencimientos fijos, una señal importante de Miguel Angel Pesce.

El aumento de tres puntos (ahora al 33% anual) en la tasa de interés mínima que los bancos deben ofrecer a sus clientes define la intención de que el exceso de pesos no vaya al dólar, pero también la decisión de alinear esta tasa de interés con la tasa de aumento que el banco central aplica al incremento mensual del dólar oficial.

Existe una demanda silenciosa del gobierno central y de gran parte del gobierno, las provincias y las empresas privadas para que el presidente ponga fin a las prolongadas negociaciones sobre la deuda por el intercambio de bonos por un valor de 65.000 millones de dólares.

El Ministro de Economía Martin Guzmán ha estado diciendo durante semanas que la última propuesta a los tenedores de bonos “es la más alta que podemos dar”. Y una pregunta que se ha planteado en las últimas horas y después de 7 meses de idas y venidas en una negociación que no ha conseguido llegar a un acuerdo es: ¿por qué pide más tiempo? ¿Es porque espera mejorarlo o porque cree que los tenedores de bonos bajarán sus demandas?

Según los medios de comunicación, las diferencias serían mínimas, pero el adelanto de que la propuesta sólo habría recibido el 35% de la adhesión (dos tercios la rechazarían) abre la posibilidad de una nueva prórroga del plazo para continuar las negociaciones.

Guzmán ya ha fijado un rumbo para el futuro: Incluso en ausencia de un acuerdo, el gobierno acudirá al Fondo Monetario Internacional para presentar un plan que le permita gestionar los fuertes vencimientos de 2022 y 2023 (unos 40.000 millones de dólares estadounidenses) prometidos al organismo.

En medio de la pandemia, en una situación económica que define un marco social de creciente pobreza, el continuo retraso en las definiciones a favor o en contra de la pandemia aumenta la incertidumbre y crea una presión adicional sobre temas muy sensibles para la economía argentina, como el nivel del dólar.

LGP