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¿Por qué el Estado sigue poniendo más dinero en los bolsillos de los adultos si la pobreza golpea a los más jóvenes?

El presupuesto de 2021 prevé una ayuda del 2,3% del PIB para los niños. Esto es significativamente menor que la asistencia a los adultos en un contexto de restricción presupuestaria.

¿Por qué el Estado sigue poniendo más dinero en los bolsillos de los adultos si la pobreza golpea a los más jóvenes?

¿Por qué el Estado sigue poniendo más dinero en los bolsillos de los adultos si la pobreza golpea a los más jóvenes?

El gasto en niños (0-18 años) en Argentina es estimado por UNICEF como equivalente a cerca del 8% del PIB en 2018. Esta cifra incluye la inversión del gobierno en varias áreas: la educación, la salud, los subsidios de transporte y la proporcionalidad de la política de vivienda, por nombrar sólo algunos. El estudio completo con datos para 2019 no estará disponible hasta este año. Según los expertos, la estructura de estos gastos es como la de un elefante, con movimientos lentos, y no se esperan grandes cambios. Ni para el 2020. Unicef prepara sus estudios sobre la base de los datos del Ministerio de Economía.

Según cálculos privados, en Argentina sólo el 20% del gasto primario consolidado se destina a los más jóvenes, aunque es el grupo de edad que más sufre la pobreza y representa más del 30% de la población.

Por el contrario, según estudios privados, la población adulta mayor (11%) se beneficia ahora de la mayor parte del gasto público (más de un tercio) en términos de pensiones y beneficios de jubilación.

La pobreza infantil ha aumentado, según informó el Indec el miércoles. Hace un año era un poco más de la mitad (52,6%). Ahora ha alcanzado el 56,3%. De los 11.000.000 de niños menores de 14 años, 6,2 millones viven en hogares pobres hoy en día.

El gobierno nacional está concentrando su gasto en pensiones. Con la excepción de la prestación general por hijos, las provincias son responsables de los gastos de muchos de los niños, por ejemplo, en educación y salud.

La brecha entre lo que el país invierte en los niños y lo que gasta en los niños mayores es aún mayor cuando se perfecciona el análisis. Si tenemos en cuenta las transferencias estatales por grupos de edad, la diferencia entre la ayuda que reciben los más jóvenes (AUH, IFE y la tarjeta de alimentos) y los más mayores (pensiones y rentas vitalicias) es seis veces mayor: 2,3% del PIB frente al 13% del producto.

“El análisis transversal del proyecto de Presupuesto 2021, centrado en la infancia y la juventud, nos muestra que el ejecutivo nacional está tratando de destinar alrededor de 873.800 millones de pesos a las políticas para menores de 18 años en el país”, dice Javier Curcio, economista e investigador especializado en temas de infancia en el IIPE de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet. “Esto es sólo el 10,4% del presupuesto y el 2,3% del PIB estimado para el próximo año. Según una estimación del economista Oscar Cetrángolo, el gasto en pensiones y PAMI alcanzará el 13% del PIB.

“Nuestro perfil de gasto social está muy centrado en las personas mayores y descuida la infancia y la juventud”, añade Curcio.

En un documento de Cippec se afirma: “A corto plazo, ciertas políticas de transferencia de dinero desempeñarán sin duda un papel central, ya que se ha demostrado que pueden amortiguar el impacto de la caída de los ingresos en los hogares más pobres. En un contexto en el que casi seis de cada diez niños viven en hogares por debajo del umbral de pobreza, un eje estratégico tiene por objeto aumentar las transferencias a los hogares con niños y jóvenes hasta lograr un ingreso universal para los niños”.

¿Por qué el gasto en Argentina está tan orientado a la población adulta? El país se enfrenta a graves limitaciones presupuestarias y, al mismo tiempo, a un aumento de la pobreza, lo que repercute en mayor medida en los más jóvenes. Los expertos señalan esta contradicción en la organización del gasto público. “Históricamente, hemos dado prioridad a los derechos de los adultos que votan y tienen una mayor ‘voz’ para defender sus derechos, en detrimento de los niños”, dice Curcio.