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El drama de las personas trans en Venezuela, sin identidad ni derechos

Cualquier venezolano que se encuentre hoy en día en la pobreza extrema, agobiado por el fracaso de los servicios públicos o que gane menos de un dólar al mes está en mejores circunstancias que el grupo T de LGBTI.

El drama de las personas trans en Venezuela, sin identidad ni derechos

El drama de las personas trans en Venezuela, sin identidad ni derechos

Una abogada venezolana hizo historia en 2015 cuando se convirtió en la primera mujer transexual de América en ganar un escaño en el Congreso. Cinco años después, los transexuales siguen sin derechos en este país, cuya crisis económica afecta a esta minoría de diversas maneras.

Los transexuales de la Venezuela de Nicolás Maduro tienen menos derechos que los demás ciudadanos. En otras palabras, cada venezolano que vive hoy en día en extrema pobreza, agobiado por el fracaso de los servicios públicos o ganando menos de un dólar al mes, está en mejores circunstancias que el grupo T de las siglas LGBTI.

Esto lo sabe Tamara Adrián, la legisladora que se hizo famosa hace cinco años, quien ahora cree que su presencia en el Parlamento venezolano sólo ha dado visibilidad a la causa, sin ningún avance en términos de igualdad ante la ley. “Todavía no hay derechos”, admite en una entrevista con Efe.

La activista de 66 años dice que los transexuales en su conjunto son “la minoría más marginada social, cultural y educativamente en Venezuela”, donde no se les permite cambiar sus documentos de identidad y es casi imposible conseguir trabajos calificados.

Adrián ha sido incluida en la lista de mujeres que se presentan a las elecciones de 2015, aunque su nombre legal es Tomás. En 2004, presentó una demanda ante el Tribunal Supremo (TSJ) para que se le cambiara el nombre a fin de reflejar su género, y aún no ha recibido respuesta.

Su caso, explica, es un ejemplo del atraso que Venezuela ha experimentado en esta área desde 1999, cuando se lanzó la llamada revolución bolivariana. En los últimos 20 años del siglo pasado ha habido casi 150 reconocimientos de identidad en el país, y en este milenio, subraya, hasta ahora ninguno.

“Frustrante”

Bajo esta “transfobia de estado”, continúa, ha sido imposible avanzar. América del Sur ha avanzado hacia la igualdad, pero Perú, Paraguay y Venezuela, “que no se parece” a sus homólogos regionales, se han quedado atrás.

Desde la Asamblea Nacional (NA, Parlamento), Adrian propuso una reforma parcial de la Ley de Registro Civil para modernizar un estatuto “arcaico” e incluir conceptos que permitan la inclusión de las personas LGBTI. No se pudo lograr nada.

Especialmente en los últimos cinco años, Venezuela se ha visto sumida en su peor crisis económica, social y política, en medio de la cual el TSJ declaró nulas todas las acciones de la AN, incluyendo la sesión en la que declaró un “Día contra la Homofobia y la Transfobia”, la única vez que la igualdad parecía haber ganado en esta Cámara.

Sam, un transmán de 45 años, dice que su petición al Estado venezolano es simplemente que lo reconozcan legalmente por el género con el que se identifica, que el nombre que ha elegido sea reproducido en sus documentos.

La simplicidad de su solicitud parece utópica en un país que, en cambio, lo expone al desprecio cada vez que presenta su tarjeta de identificación en un supermercado, un banco, un aeropuerto o en un control policial.

Debido a su identidad de género, Sam ha recibido más notas en las entrevistas de trabajo de las que pueda recordar. Aunque es publicista y ha trabajado en campos relacionados durante casi 20 años, no pudo permanecer en el mercado después de que su transición comenzó en 2012 y ha hecho casi todos los trabajos desde entonces para sobrevivir.

Discriminación

Otro joven trans que pidió permanecer en el anonimato dijo a Efe que este año fue arrestado por robo de identidad, un delito que fue prácticamente obligado a cometer para conseguir un trabajo en el transporte terrestre, donde presentó un documento coercitivo hasta que se le acercaron los agentes que custodiaban la vía pública.

Hay muchos ejemplos de discriminación, pero Sam cree que es feliz hasta cierto punto porque no sólo es feliz de ser quien realmente es, sino que también dice que los transexuales del país lo pasan doblemente mal, lo que los lleva casi exclusivamente a la prostitución.

“Estas son las consecuencias (…) de no reconocer la identidad de las personas transcritas, de exponerlas a este tipo de situación, de no poder encontrar un trabajo decente, de no poder estudiar, de no poder viajar y de no poder hacer nada más”, afirma Adrian.

Los venezolanos, que están concentrando todas sus energías en sobrevivir a la crisis nacional, no han podido hablar “de los problemas del siglo XXI” como el aborto voluntario, la eutanasia y la igualdad LGBTI, o al menos eso es lo que cree la congresista.

Con estimaciones que hablan de un 96% de pobreza y un PIB que ha ido disminuyendo durante seis años, “es muy difícil” tener el debate, ya que los ciudadanos están comprometidos con la tarea de la supervivencia, una lucha que los hombres trans están luchando con aún menos armas.

“El tema no se ha discutido, y si el tema no se discute, la gente no es consciente de ello. Lo que es invisible permanece invisible”, añadió el legislador.

Y en este intento de abrir los ojos a lo obvio, ella destaca la alegría de Sam por obtener una licencia de conducir donde podría usar una fotografía reciente e identificarse como “hombre”. El nombre sigue siendo el que le dieron al nacer, pero esta pequeña conquista ha dado vida a su lucha.

Este drama, vivido los 365 días del año, se destaca cada 20 de noviembre, Día Internacional del Recuerdo de los Transexuales, cuando los peores recuerdos y experiencias se graban en la mente de las personas pero nunca dejan de pensar en dar continuidad a una lucha justa.

Fuente: EFE

PB

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