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Elecciones en Bolivia: ¿Quién tendrá el poder? La victoria de Luis Arce y el espectro de un liderazgo de dos cabezas

La victoria del partido de Evo Morales demuestra que una alternativa en el poder habría evitado la crisis que desencadenó el año pasado el intento de perpetuar al líder indígena. La gran duda: ¿Gobernará Arce con las manos libres en medio de las dificultades nacionales o será tutelado por el ex presidente?

Elecciones en Bolivia: ¿Quién tendrá el poder? La victoria de Luis Arce y el espectro de un liderazgo de dos cabezas

Elecciones en Bolivia: ¿Quién tendrá el poder? La victoria de Luis Arce y el espectro de un liderazgo de dos cabezas

Los resultados de las elecciones bolivianas proporcionan datos elocuentes e instructivos para la política de toda la región. El año pasado, en las controvertidas elecciones de octubre, el entonces partido gobernante liderado por Evo Morales seguramente habría logrado su objetivo de coronar un cuarto mandato del MAS si hubiera cambiado de liderazgo. Esto es exactamente lo que pasó con la victoria de Luis Arce.

La decisión de Morales de intentar continuar a pesar del rechazo nacional que se reflejó en el referéndum de 2016, que rechazó esta alternativa, fue el origen del escándalo que terminó con la renuncia del presidente y su exilio con el pretexto de un golpe de Estado que aún está en duda.

Lo que exacerbó este conflicto político fue la noción fallida de que es el lugar del poder personal y no el del modelo lo que garantiza su validez, cuando en realidad esta desviación desnuda es su debilidad. El Frente Amplio del Uruguay, una fuerza de centro-izquierda tan pragmática como el experimento de Morales, permaneció en el poder hasta el año pasado, durante un período similar de casi tres lustros. La extraordinaria diferencia con el caso boliviano por este logro fue precisamente la encomiable capacidad de renovar el liderazgo.

Esto es lo que le pasó a Bolivia, aunque bajo la presión de las circunstancias. Arce logró una clara victoria en la primera ronda, en gran parte debido a las conquistas de estabilidad y crecimiento que este líder, aliado de Evo, logró durante los tres lustros bajo el mando del Ministerio de Economía. Por cierto, esto se hizo aprovechando el enorme viento de cola del escenario con el aumento de los precios de la energía y los alimentos, que constituyen la cesta de la exportación de Bolivia.

Indudablemente cuestionado por sus críticos, que afirman que es sólo gracias a esta situación y no a su capacidad que el país ha crecido un 5% por año durante casi 15 años, Arce tendrá ahora la oportunidad de demostrar su capacidad con un escenario muy diferente y gravoso.

La economía boliviana había perdido impulso durante el tercer período del gobierno de Morales, que apeló a las reservas para resolver un déficit creciente, debido a la caída de los precios internacionales de los productos básicos. En 2019, el último año del mandato de Evo, el PIB había caído a la mitad de su récord histórico. Este escenario negativo se ha multiplicado geométricamente debido a la actual pandemia y a los costos causados por la innecesaria crisis política.

Bolivia, al igual que los demás países sudamericanos afectados por el maremoto de la enfermedad, tendrá que borrar ahora las estrechas fronteras ideológicas para atraer urgentemente las inversiones internacionales. El estado no puede encargarse de la reconstrucción. Según los cálculos del banco central boliviano, el PIB ha caído a poco más del 6% incluso este año.

La elocuencia de la necesidad eventualmente establecerá el tono. Durante su prolongado mandato, Arce había seguido un camino de pragmatismo al distanciarse de la esquemática y fracasada línea bolivariana y negociar con los poderosos agroagricultores de la Media Luna Oriental para ampliar la frontera agrícola y acelerar las exportaciones a China estimulando este comercio sin sanciones fiscales.

Es interesante que durante la campaña electoral el presidente electo virtual se aferró a su anuncio de que él sería el que gobernaría. Una estrategia para ganar los votos del centro, pero también una advertencia sobre los riesgos de que el próximo gobierno trabaje bajo una tutela que le ataría las manos. Una experiencia doble que, como han demostrado otras experiencias en la región, en última instancia causa impotencia y parálisis en el poder ejecutivo y profundiza la crisis.

Su contraparte, el ex ministro de relaciones exteriores David Choquehuanca, tiene un perfil aún más independiente y conserva la lealtad de los sectores nacionales que eludieron a Evo el año pasado. Si en el futuro habrá un frente de conflicto por la administración del poder, es porque Morales, que ha anunciado un regreso inmediato a Bolivia, no lee claramente lo que ha sucedido y está sucediendo en su país.

Hay otro hallazgo que hace que este resultado sea de menor importancia, pero igualmente relevante. El fracaso de los encuestadores, que habían pronosticado una segunda ronda casi segura, es un indicador de la creciente dificultad de tomar estas pistas sin mucha precaución. Esto no es sólo