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El gobierno sale en busca de oxígeno económico, pero se cierra políticamente y fabrica tensiones

El gobierno tomó decisiones sobre el dólar. Y el Presidente está hablando con los empresarios para generar apoyo a las medidas y confianza. Al mismo tiempo, señala a la Corte. Y profundiza la ruptura con la oposición. Estos son temas que no se agotan y crecen

El gobierno sale en busca de oxígeno económico, pero se cierra políticamente y fabrica tensiones

El gobierno sale en busca de oxígeno económico, pero se cierra políticamente y fabrica tensiones

La secuencia de la semana que termina anticipa lo que está por venir Alberto Fernández se propuso encontrar apoyo para la economía, para convertirla en confianza y oxígeno, lo cual no es necesario como base de un plan económico a largo plazo, sino para la situación que debe detener la salida de dólares y mejorar las reservas del banco central. Estos fueron los últimos anuncios oficiales, pero antes y después hubo batallas en el horizonte, libradas por el propio gobierno, que son preocupantes en todos los frentes: la decisión de la Corte Suprema en el caso de los tres jueces que han sido destituidos de sus cargos y el avance del proyecto de ley para cortar a Horacio Rodríguez Larreta de más fondos. Lo que viene no es diferente: el dólar, la visita del FMI, las tensiones políticas.

Lo que le sucede al dólar expresa a su manera parte del problema. Un economista y político con suficiente experiencia para evitar los dramas y una visión parcial explica el problema de esta manera: La brecha del tipo de cambio no aludiría, como ocurre a veces, a una cuestión exclusivamente técnica y al retraso del dólar oficial, sino que combinaría los efectos de los desequilibrios macroeconómicos y los grandes conflictos políticos. Esta última, entendida no como una disputa tradicional, sino como un factor extremo que conspira contra la confianza y la credibilidad.

El punto que se hace cada vez más claro es el peligro de esta estrecha línea en la coalición de gobierno. Esta orientación se reafirma de manera contradictoria en medio de la crisis económica y social, agravada por la extenuante cuarentena, con el evidente desgaste de la figura presidencial tras la primera fase de aislamiento con consenso social contra el coronavirus. Esta preocupación, generalmente por la diligencia del caso, apareció en algunas de las citas que Alberto Fernández acaba de reeditar con los empresarios y que han circulado en los medios de comunicación políticos.

Se trataba de la centralidad del poder. No muchos lo abordarían directamente. Pero los eufemismos o eufemismos indirectos abundan. Por un lado, hay preguntas sobre la dirección y los planes económicos concretos, que se retrasan tras el acuerdo con los acreedores externos y en la antesala de las negociaciones con el FMI. Por otro lado, las referencias al capitalismo productivo y el hecho de hablar con los empresarios no encajan en la idea del Kirchnerismo duro.

La lectura más gruesa sugiere que hay un contexto en el medio que no permite un descanso. Los acontecimientos que marcaron la semana y los previstos para los próximos días exponen la ofensiva judicial y la ruptura de puentes a la oposición, que parecía ser una capital presidencial. Como el terreno externo se ha reducido hasta tal punto, la atención se centra en el poder político interno. Y todo está marcado por la tensión.

El gobierno comenzará las conversaciones formales con el FMI la próxima semana. Todavía no está claro qué tipo de arreglo se busca, aunque adoptaría la forma de facilidades ampliadas, y el gobierno afirma que la solicitud de un préstamo no forma parte de sus cálculos, sino sólo una refinanciación. En cualquier caso, se aclarará sobre qué base se harán los compromisos. La perspectiva de renegociación con el Fondo alimentó la expectativa de que se esbozara un plan concreto. No está a la vista, y hasta ahora sólo se hace referencia al proyecto de presupuesto de 2021, con algunos toques de ajuste, dudas sobre las cifras proyectadas para las partidas sensibles e incluso toques sobre los programas sociales cuando se miden en relación con el PIB estimado.

Antes de todas estas consideraciones, el manejo del fondo como un hecho en sí mismo se colocó al nivel de las expectativas para mejorar el llamado “clima de negocios”. Por el momento, no ha tenido mucho impacto. En este sentido, hay otros ejemplos de menor impacto de lo esperado, y quizás el más importante es el acuerdo con los poseedores de bonos. Este es otro síntoma de las dificultades que causaría la pérdida de oportunidades de acuerdos políticos y la creciente disputa con la oposición.

La escalada en las relaciones con la judicatura es otra pieza del mismo tejido. Y también se relaciona con la situación política interna del estado de la administración pública. El martes pasado el tribunal aceptó el per saltum de los camaradas Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi y del juez Germán Castelli, los tres camaradas que fueron expulsados de sus puestos. Esto causó una enorme ira en el gobierno, aunque la reacción crítica se limitó al Viceministro de Justicia, Juan Martín Mena, que está directamente relacionado con Cristina Fernández de Kirchner.

No hubo más reacción de los funcionarios. Por supuesto, podría interpretarse como un gesto razonable para relajar el clima y esperar la decisión sobre el contenido de la demanda de los jueces. Internamente, sin embargo, también podría interpretarse como un distanciamiento del Presidente de CFK. Alberto Fernández decidió reaccionar en ambos niveles: Santiago Cafiero se encargó de presionar a la Corte y de disipar e incluso de especular sobre un cierto distanciamiento del ex presidente.

Al final de la semana, pero no de la espiral del conflicto, el gobierno en el Senado impuso el proyecto de un nuevo recorte de los recursos de la capital con un ajuste del puesto de seguridad. Fue la culminación de una dura sesión dirigida por CFK, que incluyó un debate igualmente denso sobre la limitación de la presencia de senadores en la cámara. Es difícil esperar que se reduzca a una anécdota parlamentaria como lectura política.

El proyecto de ley se entrega a los miembros del parlamento, lo que añade líneas a una agenda no tan simple: La reforma del sistema de justicia federal, el presupuesto, el impuesto a los grandes patrimonios. Pero también se sabe que el decreto presidencial, que preveía una reducción de unos 40.000 millones de pesos al año, ya ha hecho olas antes. La apelación de Buenos Aires ya ha sido presentada ante la Corte Suprema. La reducción de recursos para Rodríguez Larreta es casi una expresión de la dimensión de los frentes que se entrelazan en este momento. Volver al dólar y la economía: no son cuestiones que se resuelvan en el mejor de los mundos.