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Hace 20 años, Chacho Álvarez renunció a la vicepresidencia: la mecha que detonó la peor crisis de esta democracia

El 6 de octubre de 2000, el jefe de Frepaso conmocionó al país. Y desencadenó el rápido proceso de la debacle de la Alianza. Así dejó su propia corona política en el polvo. Y anticipó un resultado socialmente traumático: ese 2001 de "todos se van".

Hace 20 años, Chacho Álvarez renunció a la vicepresidencia: la mecha que detonó la peor crisis de esta democracia

Hace 20 años, Chacho Álvarez renunció a la vicepresidencia: la mecha que detonó la peor crisis de esta democracia

En el bar de Buenos Aires, en la esquina de Independencia/Urquiza, a treinta metros de la Facultad de Filosofía y Letras, Chacho Álvarez solía intercambiar conversaciones y chistes sobre fútbol, pero también sobre política. Las sombras de la dictadura forzaron el tono bajo, con mesas bastante estrechas, ruidos de salón y un cajero fiable. Aún era difícil imaginar el final de esta noche militar y menos aún proyectar su ascenso político y la ruptura que encendió la mecha de la peor crisis de esta democracia. Eso fue hace sólo veinte años, el día que renunció al cargo de Vicepresidente de la Nación.

El 6 de octubre de hace dos décadas, Chacho Álvarez escribió su renuncia y la comunicó a sus amigos de Frepaso y luego a Fernando de la Rúa. Fue una dimisión escandalosa, pero sólo a medias, ya que no rompió formalmente la sociedad de la Alianza, su fuerza política permaneció en el gobierno y él mismo intentaría volver cuando la crisis económica predijera lo peor y Domingo Cavallo volviera al poder para intentar desarmar su receta económica que se había convertido en una bomba de tiempo. No pudo, y a finales de 2001 explotó.

El desastre había comenzado con la acusación de sobornar a los senadores del PJ para aprobar la reforma laboral. Muchos años después el caso fracasó, como tantos otros. Pero entonces fue suficiente para crear un escándalo que destrozó la primera línea del gobierno. Chacho Álvarez abandonó a uno de los actores más importantes de su sector, el Ministro de Trabajo, Alberto Flamarique. Se le recuerda por esta denuncia de los “Banelco”, pero mucho antes compartía con el vicepresidente una cierta creencia en el estilo de De la Rúa. “Fuma bajo el agua”, se le oyó decir, dadas las dudas del presidente sobre sus habilidades.

De la Rúa había representado la segunda derrota en 1999 que marcó la primera línea de Chacho Álvarez. El primero fue contra José Octavio Bordón en las elecciones de 1995, con una diferencia central: Pilo Bordón ganó las elecciones internas, fue el protagonista del movimiento que rompió con el tradicional bipartidismo y depuso la UCR, y cayó contra Carlos Menem.

Pero el liderazgo de Frepaso se hizo cada vez más fuerte para Chacho Álvarez. De la Rúa, en cambio, llegó a la Casa Rosada.

Ni la construcción ni el fin de la alianza correspondieron a esta experiencia. Fue una caída dramática y al mismo tiempo vertiginosa y vertiginosa. Todavía hay momentos posteriores de declive económico. Pero el componente más llamativo, incluso visto desde aquellos días de ansiedad económica y social, era el abismo de la crisis política, el “déjalos ir a todos”.

Chacho Álvarez ya se había contenido en el Senado antes del episodio. Las observaciones y suposiciones de Antonio Cafiero, quizás su referencia más importante tras el fin de la dictadura, han influido decisivamente en su visión de este momento.

Conservó parte del núcleo político con el que había dividido el Grupo de los Ocho liderado por Germán Abdala en oposición al menemismo. Pero ni siquiera estos líderes fueron advertidos en previsión de la inminente agitación.

La renuncia de la vicepresidencia fue finalmente una renuncia solitaria, tal vez madurada en otro bar ya famoso por su estado habitacional, el Varela Varelita de Scalabrini Ortíz y Paraguay, donde ciertamente había registrado algunos signos de desgaste rápido en el gobierno. Ni Graciela Fernández Meijide, ni Darío Alessandro, ni Rodolfo Rodil, y menos aún Flamarique. En otras palabras, ni los oradores de su sector en el Gabinete ni en el Congreso.

La combinación en ese momento no podría haber sido peor. Una salida efectiva pero horrible en su proyección: quería irse, pero su gente seguía en el gobierno, para no romper la alianza. Pero la coalición gobernante estaba condenada a caer. El fusible se había encendido, si no antes. Crisis de gobierno más crisis económica: anticipación del colapso.

La decisión de Chacho Álvarez también derribó la línea que se había trabajado con su propia participación central desde el momento en que la alianza comenzó a tejer con Raúl Alfonsín de la UCR y el peso de Fernández Meijide. Algo que él mismo defendió internamente cuando no era fácil decidir la fórmula del Presidente como estrategia de equilibrio.

Como en 1995 con la disputa y confluencia que selló la creación de Frepaso -pero ya no entre “primos” como su Frente Grande y el partido de Pilo Bordón, PAIS- la elección de la alianza en 1999 se decidió a favor del competidor interno. De la Rúa ganó por su peso en la capital y la estructura tradicional de la UCR en el interior. Chacho Álvarez trabajó entonces con un guiño de los radicales para convertirse en socio de la fórmula. Esta fue la ecuación de equilibrio cuando Fernández Meijide fue a la batalla en la provincia de Buenos Aires.

Esta ecuación, a la que se añadió el desgaste prematuro de la gestión, fue seriamente violada por la renuncia de Chacho Álvarez a la vicepresidencia. Sin embargo, la historia añadiría unas pocas líneas a una crónica que describe el camino hacia el acantilado.

Es extraño como los caminos a veces convergen. Raúl Alfonsín fue el constructor central de la alianza. Como pocos, advirtió antes del agotamiento de la convertibilidad, y algunos incluso pensaron que no era bueno hacer olas con este tema. Al final, Domingo Cavallo fue llamado al gobierno para tratar de detener la caída. El padre del modelo parecía ser la única oportunidad de desmantelarlo.

No funcionó porque la llegada de Cavallo no reemplazó la falta de apoyo político. El engaño de esas horas fue tan grande que De la Rúa anunció la llegada del autor de “Convertibilidad” con una confusa aparición en la prensa, que no aclaró si se convertiría en Jefe de Gabinete o en Ministro de Economía, como en realidad era.

El tema del jefe de gabinete tenía otro cuarto trasero. Contrariamente a lo que algunos imaginan – pero con una historia de soñar con el “Cavalismo” para enfrentar a Menem dentro del PJ – Frepaso promovió la incorporación de Cavallo y la idea de acompañarla con Chacho Álvarez como jefe de gabinete. No tuvo éxito, pero fue parte de algunas conversaciones entre personas cercanas a De la Rúa y tres miembros del núcleo de Frepaso.

Después de las llamas, Chacho Álvarez se retiró políticamente. Volvió a sus actividades académicas, tomó algunos puestos diplomáticos en los esfuerzos de la Iglesia y no dejó de ir a Varela Varelita cada vez que pudo. Leía los periódicos, tomaba café con amigos y parientes y daba conferencias políticas. La cuarentena, como todas las demás, cambió su vida cotidiana e incluso prohibió un mensaje. En sus años de estudiante de historia, nada es imaginable.