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Pobreza: el gobierno culpó a factores ajenos a su gestión y no dio ninguna indicación de cómo abordará el tema

Los datos eran esperados, pero no hubo reacción a la altura y al cálculo político. La oficialidad señaló la situación recibida y la pandemia como eventos externos y no tuvo en cuenta el factor estructural

Pobreza: el gobierno culpó a factores ajenos a su gestión y no dio ninguna indicación de cómo abordará el tema

Pobreza: el gobierno culpó a factores ajenos a su gestión y no dio ninguna indicación de cómo abordará el tema

El número era de esperar, pero la respuesta oficial no parecía estar a la altura de la tarea de hacer frente a una deuda social que ha ido empeorando a un ritmo cada vez mayor con un retraso histórico y una proyección preocupante para el período posterior a la cuarentena. Las estadísticas del Indec registraron el 40,9% de la población por debajo del umbral de pobreza en el primer semestre del año, cinco puntos más en el registro provisional. Las estimaciones para finales de este año indican que volverá a aumentar, teniendo en cuenta, entre otras cosas, la disminución estimada del PIB y la reducción de los ingresos. Esto no parece ser un cuadro para intentar calmar políticamente, un gesto inútil dado el dramatismo de las figuras. Ni tampoco esconderse detrás de la ayuda estatal, que es necesaria pero no suficiente como receta. Sin embargo, el gobierno ha utilizado estos canales.

No hubo una presentación sustancial y programada por parte de los ministros de la región para una atención integral del problema, más allá del ciclo económico, cuando todo apunta a un aumento del núcleo estructural de la pobreza. Alberto Fernández aprovechó su participación en una reunión de la Pastoral Social de la Ciudad de Buenos Aires para señalar los programas del gobierno en este año de crisis, agravado por la cuarentena. En sentido estricto, planes de todo tipo: varios de este período del coronavirus con fuertes dudas sobre su extensión temporal, otros con continuidad y algunos con posible circuncisión, según lo previsto en el proyecto de presupuesto de 2021.

Las cifras nos hacen conscientes de lo que ha sucedido en la primera mitad del año y, de hecho, muestran un panorama más serio. El 40,9% de los niños menores de 14 años son siempre los más graves. Supera el 56 por ciento. Según las estimaciones de los expertos, este último registro sería mucho más elevado si sólo se tomara en el segundo trimestre, y podría superar los 45 puntos en ese período. Los efectos de la crisis, profundizados por la cuarentena, seguirían sintiéndose con fuerza en la segunda mitad del año.

La primera lectura de esta tabla de fuentes oficiales, incluso de boca del ministro Daniel Arroyo, cayó en un cálculo tan pequeño como obvio. Se dijo que la situación en el primer trimestre había mejorado en comparación con 2019 – el liderazgo de Mauricio Macri – lo que se tradujo en un crecimiento de poco más del 35%. No hay nada que sugiera que los primeros meses de este año han sido mucho mejores. Pero ese no es el final del cálculo político.

Los primeros tres meses de la nueva gestión fueron, por supuesto, los primeros pasos, y ellos también, por supuesto, no trajeron ni traen mejores resultados. Y lo que siguió en un aumento vertiginoso a partir del 20 de marzo fueron los efectos del aislamiento y el cierre continuo de las actividades. Este resultado de poco más de tres meses se atribuyó al propio virus y no a las medidas adoptadas sin un enfoque sensato de las restricciones. En otras palabras: herencia y pandemia, no cuarentena.

Alberto Fernández también dedicó buena parte de su discurso en la reunión a señalar el enorme impacto de la pandemia y sólo mencionó las medidas adoptadas para prestar asistencia. Dijo algo sensato -que las cosas habrían sido peores si el Estado no hubiera proporcionado planes de ayuda- y mencionó la imagen que obtuvo de la macrogestión, pero no dio un mensaje sobre la pobreza, que desde hace mucho tiempo se ha convertido en un grave problema estructural.

Es decir, habló en parte de la situación. Destacó programas como IFE y ATP. Pero incluso en esta área habría preguntas que discutir. Por el momento, estos dos planes no aparecen con un seguro para el próximo año. El AUH, quizás la respuesta más sólida y completa en años, y otras partidas presupuestarias no proyectan mejoras porcentuales significativas en términos de PIB. Y temas fundamentales como las pensiones, entre los puntos destacados por el Presidente, están a la espera de una reforma que mostró signos de ajuste en su antesala.

El problema subyacente está relacionado con una característica central del crecimiento de la pobreza en el país. Se ha dicho: Se eleva muy rápidamente en -repetidos- períodos de profunda crisis y necesita tiempo para recuperarse en las fases de mejora y crecimiento económico. Esto es una constante.

Las estadísticas para el seguimiento de esta cuestión a lo largo del tiempo ofrecen reservas y problemas. Algunos cambios en la metodología y el desnivel en el camino debido a la manipulación de las cifras por parte del Indec en la gestión de Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, podría estimarse que el núcleo consolidado de la pobreza no cayó por debajo del 20% ya a finales del decenio de 1990 y a partir de entonces, después de cada pico, permaneció en un nivel más alto. Explotó en 2001, y a pesar de las mejoras posteriores, alcanzó alrededor del 25 por ciento del área de suelo en la fase CFK, no se detuvo allí y aumentó con Macri. La nueva base estructural probablemente estará por encima de los 30 puntos.

Al menos dos cosas están a la vista. La primera es que la política de ayuda es esencial en las crisis. Y la segunda es que en las fases de recuperación económica, estos programas deben ir acompañados de estrategias vinculadas a la producción. Esto requiere programas con apoyo económico y político. La reunión de la Pastoral Social de Buenos Aires, que tuvo al Presidente como principal invitado político, terminó con un documento titulado “Hacia una cultura del encuentro, un país para todos”. Este documento pone de relieve los daños causados por la falta de un modelo de desarrollo sostenible y la necesidad de responder a ellos con acuerdos amplios. Una nota.