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El ganado, entre el dolor del presente y la esperanza del futuro

Si bien el corral de engorde sufre la crisis de consumo y la cría se tambalea debido a la sequía y al aumento de los costos, la cría se mantiene firme y representa las buenas perspectivas a largo plazo de la actividad.

El ganado, entre el dolor del presente y la esperanza del futuro

El ganado, entre el dolor del presente y la esperanza del futuro

La ganadería es una apuesta permanente al futuro, sus tiempos son largos y con la compra de cada vaca o ternero se carga la ilusión de que a medio plazo, cuando llegue el momento de vender, las cosas irán mejor. Por lo tanto, vale la pena analizar los indicadores de cada eslabón productivo por separado, porque mientras hoy, en la fase de finalización, la cinta se ajusta al ritmo de la crisis y la caída del consumo, la fábrica de terneros goza de la reputación de ser una inversión segura, sobre todo en tiempos en que los pesos se queman y los dólares escasean.

Empecemos por el final. Como dijimos antes, el fabricante de piensos lo pasa mal porque su negocio es a corto plazo. Hasta junio, los corredores tenían una alta tasa de ocupación (70 por ciento), pero ahora la tasa de reemplazo indica que está disminuyendo. Según el último informe de la Cámara Argentina de Alimentos (CAF), las principales variables de la empresa están teniendo un impacto negativo en los resultados de los corales. “Nuestro más valioso aporte, el becerro o la ternera de invierno, alcanzó valores que no tienen nada que ver con la granja de engorde. Los costos de los piensos también han cambiado con el aumento del maíz y otros insumos en el último mes y medio”, dice la CAF. En el otro lado de la ecuación, el novillo de engorde parece haber encontrado un valor de alrededor de 114 pesos por kilo (para el ternero ligero de consumo), que se ha mantenido relativamente estable en las últimas semanas, lo que nos da una relación de compra y venta desfavorable y un aumento de los precios de los alimentos. Esta ecuación, señala el informe, implica una pérdida de engorde de unos 3.500 pesos por animal engordado.

En vista de esta situación, cualquier productor que tenga un campo para estirar el proceso de crianza lo hace. Este es el caso de Carlos Barrios Baron, propietario de una empresa de piensos en América, en el oeste de Buenos Aires, que también cría sus propios animales y otros. “Las cifras de la planta de alimentación claramente no dan ninguna información, pero tenemos la suerte de haber podido seguir trabajando y produciendo. Nuestro negocio va mal, pero es hora de buscar la máxima flexibilidad, usar otras cosas y asegurarnos siempre de mantener el equipo”, dice.

En este sentido, el consultor Fernando Canosa califica los problemas de las bahías. “Sin duda, el comedero lo está pasando mal hoy, pero eso no significa que el ganado sea malo. Hay una firme demanda interna y externa, con mejores o peores precios. Si tienes tu propia granja, si produces, si crías ganado o todo el ciclo, no eres malo, los números no son malos. Para quien hace un ciclo completo y un lugar de alimentación, aunque el propio lugar de alimentación se ate o arroje pérdidas, su presencia permite tener más carga, producir más terneros, añadir más kilos en la cría, lo que al final crea ventajas en el balance general de la empresa”, explica.

La fase de recuperación es la fase que permite la flexibilidad mencionada anteriormente, siempre que el clima y los costos lo permitan. Este año las lluvias no han sido muy generosas y la situación del forraje no es la mejor, por lo que este tipo de programa se ve obligado a buscar alternativas. “Hoy en día no hay una crianza más extensiva, toda la crianza es ahora un insumo dependiente, y hoy el maíz, el ensilaje, las semillas y el afretrillo son más caros en términos de control e insumo”, explica Sofía Padilla, asesora de los grupos CREA en el Noroeste, donde la situación es similar a la de casi todas las áreas productivas.

En este escenario Padilla añade que el que está mejor es el criador. “Su rentabilidad siempre ha sido baja, pero como es más extensa, menos dependiente de los insumos y tiene un producto que se aprecia hoy en día, el criador es el que lo hace mejor”, explica.

Y así es: la raza sigue siendo fuerte porque se alimenta de aquellos que necesitan que se confíe en el futuro. Es por eso que, como ella dice, su producto es valorado. Según el último informe sobre ganadería de la consultora Globaltecnos, el precio de los terneros de entre 160 y 180 kilogramos de peso aumentó un 95 por ciento entre agosto de 2019 y agosto de 2020, lo que supone más del doble de la tasa de inflación del 40 por ciento. Mientras tanto, las novillas preñadas han aumentado constantemente en términos de dólares desde marzo, con precios que se acercan a un máximo histórico de 718 dólares por cabeza en agosto. “Los precios pagados reflejan la decisión de proteger el valor y no quedarse en pesos”, dice el informe.

“La mejora de los precios de la hibernación, de la cría, la mayor inversión realizada este año en los pastos, sugiere que este es uno de los sectores que mira hacia el futuro, porque hay una demanda insatisfecha en el mundo. En el sector ganadero, no podemos pensar en los próximos tres meses – obviamente el comedero lo hace, y eso es bueno – la persona que contrata una novilla piensa con tres años de antelación, la persona que inicia una vaca piensa con dos años de antelación y la persona que compra un ternero piensa con no menos de un año de antelación. Todas estas compañías son sólidas. Tenemos que tratar de ver la película y no la película”, resume Canosa.

Las exportaciones, un elemento clave

Aunque el consumo interno ha representado históricamente el grueso de la demanda de carne argentina, las exportaciones son un elemento clave que apuntala los precios y promueve el crecimiento de la producción. A este respecto, en los últimos meses se han observado algunos fenómenos específicos.

China es el principal factor de perturbación en los últimos años y fue el primero en reactivar la demanda en el punto álgido de la pandemia. Según un informe del Consorcio de Exportadores de Carne ABC, las entregas a este destino en el último trimestre ascendieron a unas 31 mil toneladas, 15 mil toneladas menos que el promedio enviado a China en el último trimestre de 2019. Y el promedio también ha disminuido: a finales del año pasado, el precio de la carne deshuesada congelada exportada a China alcanzó casi 5700 dólares por tonelada de peso del producto, mientras que en agosto llegó a sólo 3600 dólares por tonelada de peso del producto, un 37% menos.

Pero al mismo tiempo, según el último informe sobre la ganadería de la empresa consultora Globaltecnos, el precio de la carne de vacuno de exportación se ha desacoplado del precio del consumo interno por un margen del 11%. “Esto puede explicarse por el impulso de algunos destinos como los Estados Unidos, la Unión Europea e Israel y el crecimiento del 22% del precio medio para la Unión Europea.