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“Nuestro mercado es el mundo”: una empresa familiar que suena más fuerte que nunca

La empresa ValorA de Córdoba produce aceite, expeller y proteína vegetal para exportar a quince países y va por más.

"Nuestro mercado es el mundo": una empresa familiar que suena más fuerte que nunca

ValorA es la empresa agroindustrial de la familia Ricca que no ha dejado de crecer en la ciudad de El Tío desde su creación en 2011. Como en una orquesta, cada miembro se especializa en un instrumento y lo toca con habilidad. Todos se unen armoniosamente para crear el mejor sonido, el que proviene de la sinergia de trabajar juntos. María Florencia Ricca, la mayor de cuatro hermanos, es la voz cantante que cuenta su historia.

La tradición agroindustrial nació con sus abuelos maternos que supieron construir una empresa metalúrgica en la ciudad de San Francisco, Córdoba. Más tarde, en 1995, cuando su padre compró Los Almendros, un campo de 200 hectáreas en El Tío, se colocó la primera piedra de ValorA.

El proyecto ValorA comenzó “como una muy pequeña empresa petrolera, con la idea de que cuando compramos el campo de la Ruta 19, queríamos industrializar nuestra propia producción y materias primas”, dice. La compañía fue fundada desde el principio con la idea de que todo el mundo trabajara en ella. “Todos crecimos en el ambiente industrial y en la fábrica, y eso nos hizo pensar a cada uno de nosotros en lo que queríamos hacer con nuestras vidas, siempre con el énfasis de producir algún tipo de bien o servicio y exportar, y con el tiempo nació este negocio familiar, donde cada uno de nosotros tiene su lugar”, dice.

Alfredo, su padre, es el conductor y director de ValorA; Florencia es licenciada en administración agrícola y es responsable de las áreas de gestión de calidad y producción primaria; María Victoria es licenciada en comercio exterior y es responsable de estas áreas y de la logística de exportación; José es licenciado en administración de empresas y se dedica a su campo de especialización y a las finanzas; y César Francisco, que estudia electromecánica, se dedica al desarrollo de nuevos productos y al mantenimiento industrial.

Los tres hermanos mayores estudiaron en Buenos Aires y trabajaron en varias empresas de prestigio durante sus estudios, pero el objetivo era hacer una carrera lo antes posible para entrar en el proyecto familiar. Cuando Florencia regresó a San Francisco, comenzó a ayudar a su padre en el campo, donde producían alfalfa para rollos y fardos. Al mismo tiempo, también plantaron 1 hectárea de almendras, 600 plantas traídas de Mendoza, que se arruinaron antes de alcanzar su umbral de producción en 2017 con un aumento en el número de turnos.

También invirtieron en apicultura, llegando a 1.000 colmenas y una sala de extracción montada por el Senasa. “Cuando me casé y quise tener hijos, vendimos las colmenas porque era demasiado trabajo y no podíamos evitar el problema del personal”, recuerda la empresaria. Así que Valor A dejó atrás otras actividades y finalmente se estableció en la producción de aceite y expulsores de soja y proteínas vegetales y se mantuvo en constante expansión.

La empresa en cifras

En 2011, Alfredo, su hijo José y cuatro empleados fundaron la empresa ValorA, que produce expulsores de aceite y soja. El aceite se vendía para su posterior refinado, biodiesel u otros usos, y el expulsor se vendía a las granjas lecheras o a los ganaderos de la zona.

“Al poco tiempo de haber comenzado, la inversión realizada ya no era rentable y seguimos pensando en la cadena de valor, por lo que en 2013 importamos una línea de producción de soja texturizada”, dice Florencia. Y, centrándose en los mercados extranjeros, exportaron el primer contenedor de soja texturizada en diciembre de 2014.

Hoy en día, 25 personas trabajan para ValorA, procesando unas 8.000 hectáreas de soja al año. La planta tiene una capacidad de industrialización de 45 toneladas/día y está bajo control aduanero desde 2019. “La materia prima se obtiene en su mayoría de productores en un radio de 30 a 50 km, con la excepción de la harina de hipódromo, que compramos a varios proveedores de Rosario”, dice la empresaria.

A partir de 2014, las ventas en el extranjero aumentaron gradualmente y actualmente se exporta un contenedor por día a 15 destinos. “El año pasado compramos otra línea de producción, que nos permite trabajar adicionalmente con harina de soja de alto contenido proteico y otras materias primas como los garbanzos”, explica Florencia. Hoy en día venden soja texturizada, garbanzos expandidos y harina de garbanzos precocida. De lo que producen, el 95% de la soja texturizada y todos los garbanzos se exportan. “Siempre decimos que nuestro mercado es el mundo, siempre nos centramos en las exportaciones”, dice.

Sin embargo, refiriéndose al crecimiento y la diversificación, señala que “estamos trabajando para aumentar el volumen de ventas en el mercado nacional, por lo que hemos creado nuestra propia marca Soyalitas, soja texturizada en paquetes de 250 gramos, que se vende en las tiendas de dietética y hierbas del país en una versión clásica y otra con el agregado de vegetales secos y saborizados para preparar la salsa instantánea vegetariana”.

ValorA tiene certificación Halal, Kosher, GMP (Buenas Prácticas de Manufactura) y HACCP (Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control) y está trabajando para implementar la ISO 22.000, la norma internacional para sistemas de gestión de seguridad alimentaria. Por otra parte, la unidad de producción de Los Almendros, en la provincia de Córdoba, ha sido certificada por tercer año consecutivo de acuerdo con las Buenas Prácticas Agrícolas. Y en 2019, la empresa recibió un premio de ProCórdoba y el gobierno provincial por su ruta de exportación.

Como empresa, participan activamente en la Cámara de Comercio de San Francisco, de la que Florencia es vicepresidenta, y desde hace dos años forman parte del grupo CREA del Este, del que son presidente.

Ha llegado el momento

“La Argentina tiene hoy una gran oportunidad en el negocio de la alimentación, y no podemos dejar que se desperdicie, así que tenemos que hacerlo bien, producir alimentos de calidad con la seguridad adecuada, y estamos capacitándonos y trabajando en ello”, dice la empresaria.

Para ello, ValorA pretende conseguir una calidad certificada de la materia prima que garantice la trazabilidad y la calidad del producto final. “Realizamos un trabajo riguroso con los proveedores, y los productores generalmente responden porque existe una relación duradera basada en la confianza y la pertenencia”, dice.

Para aprovechar las oportunidades que ofrecen los mercados extranjeros, uno de los obstáculos que hay que superar, según el graduado, es “la falta de previsibilidad en la Argentina, el cambio constante de políticas y escenarios que hacen imposible pensar a largo plazo, y así nos hacen pensar nuestros clientes en todo el mundo”.

Otro punto que juega en contra de Florencia es la falta de competitividad “debido a los altos costos de producción” que tiene Argentina. “En nuestro caso, por ejemplo, el gas y la electricidad son costos muy importantes, al igual que el transporte y el flete”, explica. Por esta razón, y de su bolsillo, están llevando a cabo el trabajo de llevar el gas natural a la planta y también están construyendo un parque solar.

“Veo una gran oportunidad para la Argentina como productora de alimentos, y no de cualquier alimento, sino de calidad garantizada, certificada, con trazabilidad, de lo contrario ya no tendremos acceso directo a los mercados internacionales”, subraya la empresaria.