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10 años después del escándalo de la silicona PIP, 3.500 mujeres argentinas siguen esperando una compensación

Se estima que a más de 13.000 mujeres del país se les prohibieron sus prótesis. Pero muchas no pudieron ir a los tribunales y otras ni siquiera sabían que habían sido implantadas.

10 años después del escándalo de la silicona PIP, 3.500 mujeres argentinas siguen esperando una compensación

10 años después del escándalo de la silicona PIP, 3.500 mujeres argentinas siguen esperando una compensación

Fue a finales de marzo de 2010 cuando Virginia Luna, entonces de 33 años, supo que algo estaba mal en su prótesis. “Dicen en la televisión que hay una marca de implantes falsos, vienen de Francia, pero se venden aquí”, le dijo una amiga. Virginia, que se había sometido a tres años de cirugía, repitió que no, ciertamente no eran los que le habían implantado. Se equivocó: se enteró en los periódicos de que tenía la prótesis de poliimplante (PIP) en su cuerpo, que fue promocionada en las noticias por fractura prematura y por un gel de silicona no aprobado para uso médico.

no fue el único. En Argentina, más de 10.000 mujeres tenían las mismas prótesis. Unos 3.500 presentaron quejas contra el certificador que no había notado la anomalía. Luna, que ya era abogada en ese momento, se presentó como víctima y también acompañó a más del 90% de las víctimas locales en su papel de abogada. Una década después, nos informa sobre el estado del caso.

ocupó páginas de periódicos y horas de emisión en programas de televisión y radio. Fue un verdadero escándalo de salud. La fábrica situada en Seyne-sur-Mer, en el sur de Francia, fue registrada después de que se descubriera que las prótesis de la empresa tenían una tasa de fractura alta y poco frecuente. Según Luna, se encontraron “barriles de silicona industrial no médica”.

“Se estima que se fabricaron unos 500.000 pares adulterados y que circularon o se colocaron. El 80% de ellas se encuentran en América Latina”, dice. Sin embargo, hubo muchos menos demandantes en todo el mundo: 35.000. El diez por ciento de ellos son argentinos.

Según Luna, el número de personas que se sometieron a cirugía en el país entre 2007 y 2009 es de alrededor de 15.000. El registro de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) consultado por nuestras fuentes señala que 13.500 pares de prótesis PIP ingresaron al país antes de la licitación internacional convocada por Francia después del allanamiento.

Sin embargo, el número de reclamantes formales en el país también fue menor. La explicación de esto sería la falta de pegatinas con los detalles de los implantes utilizados. Esta sería una de las principales razones por las que hubo víctimas que no sabían que eran víctimas, o mujeres que sospechaban que tenían PIP pero no llegaron a demandar al certificador.

El año 2020 es el último año en el que podrán presentar víctimas, ya que la justicia francesa requiere este tipo de acción después de más de una década. Luna planea presentar un grupo final de víctimas antes de diciembre.

Además y en vista de este plazo, la Asociación de Consumidores Argentinos (UCA) ha decidido recientemente involucrarse y representar los intereses colectivos de las mujeres afectadas. Se pusieron en contacto con Lozano Blanco & Asociados, una empresa que representa a las víctimas en América Latina, y asesorarán a las mujeres que se han hecho implantes y quieren demandar al organismo de certificación.

“Son consumidores. Y la Ley de Protección al Consumidor habla de la seguridad de los productos que no se ha tenido en cuenta”, explica Adriana Malek, Presidenta de la UCA. Desde la entidad, quieren hacer visible el problema y asegurarse de que las víctimas sepan que pueden hacer reclamaciones. “Muchas mujeres no saben que tienen un PIP implantado porque no han tenido síntomas o los han tenido, pero pueden confundirse con otra cosa, como el dolor o la fatiga. No lo asociaron con el implante”, explica y pide a quienes tengan dudas que escriban a la entidad [email protected]

La prueba del palo

En 2010, lo primero que hizo la abogada Luna, después de confirmar con su palo que su prótesis era PIP, fue ponerse en contacto con el médico que la operó. “Llamé al cirujano, estaba al tanto de lo que estaba pasando. Me dijo que mis prótesis no eran de los lotes adulterados y que no necesitaba quitarlas. Eso fue una mentira, porque todavía no está claro qué lotes fueron modificados”, advierte Luna. No detuvo esta conversación y continuó informándose.

“Esta marca se vendió con el eslogan de que eran prótesis de por vida. Y no sólo que no lo eran: se desgastaron temprano. En países como Brasil, el Ministerio de Salud se hizo cargo de la eliminación de todas las prótesis después de que Francia sacara los PIP del mercado y emitiera la advertencia”, dice Luna.

Y añade: “Los consideraban un riesgo para la salud física y también mental. No es fácil tener algo en el cuerpo que pueda estallar en cualquier momento y hacerte daño. Argentina no ha tomado esta posición. Acaba de ordenar que las prótesis sean retiradas del mercado”.

En 2010, Luna ya tenía un socio en Francia con el que empezó a trabajar en el tema del PIP. El primer grupo, formado por 336 mujeres, se formó por el boca a boca entre conocidos y amigos de amigos. “En 2013, llevamos a cabo las primeras acciones criminales. En el mismo año me hicieron otra operación para quitarme el PIP. Atraigo a otros que son estadounidenses después de hacer muchas investigaciones y de evaluar lo que es mejor”, dice.

El cirujano que la operó de nuevo encontró que tenía “tejido necrótico delante del músculo”. “Si hubiera sabido que había un riesgo, nunca habría hecho la primera operación: te compras un problema con ello”, se queja ahora.

La acción contra el PIP no fue posible porque la fábrica, fundada en 1991, se declaró en quiebra después del escándalo. Su fundador, Jean-Claude Mas, pasó ocho meses en prisión provisional en 2012. En 2013, admitió que había utilizado silicona industrial, aunque afirmó que no suponía un riesgo para la salud, y acusó a las mujeres que le demandaron de ser “frágiles” y de intentar “sacarle el dinero”, dijo EFE. Murió el pasado mes de abril.

PIP implantes mamarios de silicona. Muchas víctimas ni siquiera sabían que las tenían. Photo Reuters

Silicone Breast Implants PIP. Muchas víctimas ni siquiera sabían que las tenían en el lugar. Foto Reuters

Ante la imposibilidad de tomar medidas contra la empresa de prótesis, las víctimas señalaron a la certificadora alemana TÜV Rheinland, que debía comprobar el perfecto estado del producto antes de su venta.

En 2018 hubo una medida provisional a favor de las personas afectadas: El poder judicial francés consideró responsable al organismo de certificación porque consideró que no podía ignorar el hecho de que la cantidad de gel utilizada era inferior a la requerida para la prótesis que había declarado fabricar.

Ese mismo año, un primer grupo de víctimas argentinas recibió un adelanto de la indemnización. La cantidad que tendrían que esperar en los casos más graves en los que se encontraron daños físicos sería de 10.000 euros, como descubrió nuestras fuentes.

“Hay algunos argentinos que esperaban el veredicto final en mayo de este año, pero la definición se retrasó por la pandemia. No tenemos una fecha exacta, pero esperamos que la audiencia final para este primer grupo se lleve a cabo a finales de octubre. Determinará la cantidad que se reclamará como compensación”, dijo Luna. Ya se ha indemnizado a unos 1.000 solicitantes en Europa. Estima que los últimos reclamantes que han presentado una reclamación hasta ahora recibirán una respuesta para junio de 2021. “Esto no es una acción de clase. Los tribunales franceses analizan caso por caso”, dice Luna.

Y dice que alrededor del 60% de las mujeres argentinas han decidido sacar las prótesis PIP en forma privada. Son estimaciones, ya que no hay registros de mujeres que aún vivan con estos implantes en sus cuerpos. Mientras tanto, según el abogado, el 5% sufrió algún tipo de problema físico, ya sea por “migración de silicona o daño en los tejidos”.

Una bomba de tiempo en el cuerpo

Dentro de este 5% se encuentra María Graciela González (62), quien en conversación con este periódico repite en varios lugares que lamenta la operación. “Si hubiera sabido todo lo que me sucedería”, insiste.

“Fue porque era coqueta, quería verme mejor. Mis hijos lo sabían y pagaron la operación, fue el regalo que me hicieron cuando cumplí 50 años”, dice. Su hija había sido operada un año antes: también con implantes PIP.

María Graciela González, una de las víctimas de la compañía PIP. Ella cuenta la odisea que tuvo que pasar. Foto Germán Garcia Adrasti

María Graciela González, una de las víctimas de la compañía PIP. Ella cuenta la odisea que tuvo que pasar. Foto Germán García Adrasti

Su operación fue en 2008 y los problemas comenzaron cinco años después. “Las prótesis comenzaron a deformarse y el cambio estético, que fue bastante llamativo y traumático, fue acompañado de un gran dolor”, dice María Graciela, un ama de casa que vive en Mataderos.

“Tuve que hacerme estudios. Fue un proceso largo. Viví entre lágrimas, me deprimí. Al final confirmaron que estaban rotos y que la silicona se había extendido. Tenía gel cerca de mi cuello y en los ganglios de mis axilas”, dice María Graciela.

Su tarjeta de prepago no estaba dispuesta a hacer la cirugía y no podía pagarla. “Vivía con una bomba de tiempo dentro. Más allá de lo físico, también tuvo un gran impacto psicológico en mí. Sólo quería sacarlo”, dice.

Dos años después, en 2015, y tras presentar una solicitud de protección a través de Luna, que era su abogada, recibió un anticipo para encargarse de la retirada de los PIP y la instalación de otras prótesis.

“Me hicieron una limpieza aunque no lograron quitar toda la silicona que se había extendido por todo mi cuerpo. Había algo de sobra, así que tengo controles específicos cada año”, explica. Pusieron nuevos implantes: “No tuve elección porque mi piel ya estaba muy tensa.

Los PIP contenían un gel de silicona que no está aprobado para uso médico. Photo AP

Los PIP contenían un gel de silicona que no está aprobado para uso médico. Foto AP

Dice que después de esta segunda operación sintió un gran alivio y comenzó a recuperar el control de su vida. Pero es sólo con la sentencia que ella podrá terminar esta situación. “Son muchos años, quiero que termine”, dice.

El PIP, de los medios de comunicación al

El cirujano plástico Marcelo Bernstein, miembro de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva, recuerda el estado del PIP en los congresos médicos. “No fueron los más elegidos por los cirujanos, pero siempre estuvieron ahí. El primer lugar fue disputado por una empresa americana y otra brasileña. El PIP de origen francés estaba en tercer lugar”, dice.

Según Bernstein, cuando la noticia de las prótesis adulteradas llegó a los medios de comunicación, comenzaron los llamados cruzados. “Muchas mujeres se dirigieron a mí para preguntarme si sus prótesis eran PIP, y conozco médicos que usaban PIP y tenían que decírselo a sus pacientes uno por uno. Hicieron estudios y ofrecieron retirar las prótesis”, dice el especialista.

Jean-Claude Mas, en la sala del tribunal de Marsella, el 17 de abril de 2013, en el juicio del escándalo. Foto EFE

Jean-Claude Mas, en el juzgado de Marsella el 17 de abril de 2013, en el juicio del escándalo. Foto EFE

Los chequeos en ese momento incluyeron ultrasonido de seno y mamografía. “Hoy en día hacemos resonancias magnéticas”, añade. Y señala que las pacientes que reciben un implante de pecho deben llevar una etiqueta con la información del producto. “Es el documento de la prótesis: Cada prótesis tiene un número. También muestra la marca y el tamaño”, dice Bernstein.

Además de la pegatina que queda para el paciente, hay otras dos. Uno acompaña a la parte quirúrgica y el otro debe ser incluido en el registro médico del doctor.

Todos los productos deben ser aprobados por la ANMAT para su uso en el país.

“En la oficina tratamos de hablar con el paciente sobre todas las marcas que se comercializan en el país. Si deciden hacerlo basándose en sugerencias profesionales, podemos escribirles una receta para comprarlos o enviarlos directamente a pedirlos”, añade el cirujano.

asegura que los riesgos de la inserción de la prótesis a corto, medio y largo plazo se explican siempre y se firma un consentimiento quirúrgico informado.

Archivos en el edificio del tribunal de Parc Chanot en Marsella, antes del juicio de la Prótesis de Implante Poli. Photo AFP

files in the courthouse at Parc Chanot in Marseille, before the trial of Poly Implant Prosthesis. Foto AFP

Después del escándalo del PIP, dice que las operaciones se remontan a un año atrás y que a partir de entonces y por una vía

Y afirma que independientemente de esto, la forma de garantizar la vida de la prótesis y la salud del paciente es cumplir con los chequeos anuales de un mastologo.

“Al principio no había tanta información sobre lo que podía pasar con el PIP, no se sabía si el producto podía ser cancerígeno o tóxico. En ese momento supimos que podía llevar a una ruptura temprana”, dijo el cirujano plástico Fernando Felice, miembro de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires y profesor de la UBA.

dice que no usó PIP, pero tuvo que operar a mujeres con estos implantes de nuevo. “Recibí en mi consulta pacientes con ruptura, encapsulamiento o seroma (acumulación de líquido inflamatorio alrededor de la prótesis). En el quirófano, cuando hice el intercambio, noté que los especímenes dañados eran de esa marca.

Las prótesis en cifras

“Si comparamos lo que pasó con las prótesis hace 10 años y hoy en día, podemos decir que este tipo de cirugía ha aumentado y que las mujeres ahora aplican menos volumen que antes”, resume Felice.

En el último año y medio, sin embargo, el número de operaciones ha disminuido. La pandemia explicaría lo que ocurrió en 2020, aunque no está tan claro lo que ocurrió en 2019.

El fundador de Poly Implant Prothèse, Jean-Claude Mas, durante el estudio. Murió el año pasado. Photo AFP

Poly Implant Prosthesis founder Jean-Claude Mas durante el estudio. Murió el año pasado. AFP photo

“En 2017, se importaron y ajustaron unos 35.000 pares de prótesis. En 2018, el número se disparó a unos 45.000, pero en 2019 cayó a unos 30.000. En 2020, el volumen de operaciones disminuyó en un 40% debido al coronavirus”, añade el especialista.

El valor de las prótesis va de 800 a 1.100 dólares Y la cirugía cuesta entre 100.000 y 200.000 pesos, según el cirujano.

AS

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