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Coronavirus en Rosario: La mitad de los muertos por la pandemia son pacientes geriátricos

El registro, hasta septiembre, indica que murieron 114 adultos mayores en instituciones cerradas. La ciudad cerró el mes pasado con 223 muertes.

Coronavirus en Rosario: La mitad de los muertos por la pandemia son pacientes geriátricos

Coronavirus en Rosario: La mitad de los muertos por la pandemia son pacientes geriátricos

Con la circulación comunitaria de coronavirus en marcha desde finales de julio y un número creciente de infecciones, Rosario cerró el mes de septiembre con un total de 22.206 personas afectadas por el Covid-19 y 223 muertes desde el inicio de la pandemia. La mitad de las muertes registradas en la ciudad son atribuibles a personas mayores que viven en asilos: 114º

Hay varias razones para el problema. Desde la facilidad con que el virus puede propagarse en comunidades cerradas, hasta la particular virulencia con que castiga a los ancianos, pasando por la relajación de algunos protocolos impuestos desde marzo.

“No hay nadie responsable de esto, ni se puede hablar de un fracaso o de que el protocolo haya fallado. Ha habido varias situaciones. Había mucho tráfico en la iglesia, y cuando el pico llegó más tarde que en otros lugares, el personal no estaba preparado. Fue un largo período de vigilancia y algunos temas se relajaron”, dijo a nuestras fuentes Néstor Galván, director de promoción y atención de la salud colectiva.

En marzo, las autoridades decidieron utilizar lo que estaba sucediendo en Europa como un espejo en el que no era cómodo verse reflejado, y decidieron dar prioridad a los protocolos en las comunidades cerradas, especialmente las geriátricas.

Las autoridades municipales y provinciales, la Pami y las cámaras que agrupan a los pacientes geriátricos -el 98,91% de los pacientes de Rosario son de gestión privada- y los servicios de emergencia trabajaron para desarrollar las medidas.

Entre otras cosas, se estableció que los miembros de la familia no deben tener contacto físico con personas mayores. Sólo en algunos casos se permitía entrar en las instalaciones para hablar y ver a los ancianos a través de un sistema que los separaba. Sin embargo, la mayoría de las instituciones geriátricas establecen llamadas virtuales como modalidad de contacto.

También se definió que toda la población en riesgo debe ser vacunada un mes antes de lo que normalmente se hace cada año. “Esto tuvo un efecto positivo. De hecho, no hubo gripe este año”, dijo Galvan.

Entre marzo y mayo, prácticamente no hubo advertencias de posibles infecciones o casos confirmados. Pero la situación estaba cambiando lentamente. Entre junio y julio hubo 41 activaciones del protocolo, en agosto 32 y en septiembre 89, casi tres veces el número del mes anterior.

“El lugar no es impenetrable. Y una vez dentro, el virus se propaga mucho más fácilmente. Y hay dos problemas: primero, la edad y segundo, las comorbilidades”, explicó Galvan.

El empleo múltiple de personal, las medidas adoptadas en la comunidad que permitieron la liberación de las actividades económicas y sociales y la propagación del virus en la comunidad transfirieron el problema a los hospitales geriátricos. Las autoridades también reconocen que el alivio de la situación se debió a la extensión de la alerta impuesta por la pandemia.

“El clímax en el interior del país se esperaba antes Fue preparado para el invierno: Junio, julio. Se prolongó en el tiempo y agotó a los equipos de salud y al personal que trabajaba en las residencias de ancianos, así como a todo el personal que tenía que estar constantemente en la fase 1. Y algunos protocolos se han hecho más flexibles”, admitió Galván.

En Rosario, hay 183 hogares de ancianos con una población de 4.145 adultos mayores encuestados en marzo. El número de muertes en este tipo de instalaciones es del 2,75%. La clave era una diferencia con la situación en Europa: las personas mayores podían ser tratadas en hospitales donde nunca faltaban camas.

El 90% de las 114 muertes de personas en instituciones cerradas ocurrieron durante su estancia en el hospital.

A medida que la pandemia avanzaba, se comprobó que no era necesario remitir a las personas de edad avanzada con sólo 37,5 síntomas de fiebre a un hospital o sanatorio, lo que provocaría un colapso del sistema de salud y no permitiría la atención diferenciada de los infectados.

Se acordó que algunos hospitales geriátricos, donde la infección llegó a un cierto número de personas, deberían ser utilizados como centros de aislamiento. Actualmente hay 23 instituciones con esta condición.

Las estadísticas de los asilos de ancianos de Rosario muestran que, al igual que en la población de un grupo de edad más bajo, el 85 por ciento pasa por Covid-19 sin mayores complicaciones, el 15 por ciento requiere hospitalización y sólo el 5 por ciento tiene enfermedades graves.

Desde el comienzo de la pandemia, sólo ha habido una situación de desbordamiento entre los 183 asilos: A finales de agosto, uno de los 183 asilos tuvo que ser evacuado después de tres muertes. Fue el único que fue evacuado.

En la actualidad, 60 de los 183 geriátricos con cuidados posteriores y 2.300 personas aisladas, de las cuales unas 700 son empleados, necesitan cuidados.

Aunque el número de casos en Rosario sigue aumentando y se espera que la tendencia continúe durante varias semanas, las autoridades están observando un indicador favorable en los asilos: el porcentaje de efectividad en la positividad de las pruebas de frotis ha disminuido en los últimos días.

En la actualidad, se realizan 100 eventos por día, llegando a cuatro o cinco instituciones. A principios de septiembre, el porcentaje de resultados positivos estaba entre el 45% y el 50%. Ahora ha bajado a un 25 a 30 por ciento: “Los protocolos se activan mucho más rápido. Lo que solía ser una duda y retrasó la activación del protocolo ya no lo es. Llegamos antes, y eso nos permite aislar los casos y priorizar”, concluyó Galvan.

Correspondencia de Rosario

SC

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