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La historia de una familia cartonera en la captura de Guernica: “Por primera vez sentimos que tenemos un hogar

Alejo, su hermana menor y sus padres pasaron la mayor parte de sus vidas en las calles. El desalojo de la propiedad se pospuso hasta el 14 de octubre.

La historia de una familia cartonera en la captura de Guernica:

La historia de una familia cartonera en la captura de Guernica: "Por primera vez sentimos que tenemos un hogar

Un conejo. Alejo no podía imaginarlo, siempre en la calle. A veces se detenía con su hermana menor y su madre bajo el puente de Constitución y delante de él detrás de la prisión donde estaba su padre, en Florencio Varela. El asunto de las mascotas no encajaba para nada. No, hasta el 20 de julio. “Cuando vinimos aquí, sentí que tenía un hogar”, dice lentamente.

A pocos metros se encuentra la pequeña casa, cuatro paredes de tablas de madera y toldos de Naylon, que su familia construyó cuando se hicieron cargo de Guernica. Alejo, que tiene trece años y parece más joven, está tomando mate con los vecinos de una cerrajería cercana y con su padre, a quien acompaña a recoger cartón todos los días con un carro tirado por caballos.

“No le di un nombre al conejo”, dice, y su cara se queda en blanco. A su alrededor la mayoría de las cajas están vacías o sólo hay una persona haciendo guardia. “Lo tienen en otro lugar”, dice, señalando lo obvio: “Aquí no sabemos si nos echarán.

A última hora del miércoles, el poder judicial accedió a la petición del gobierno de la provincia de Buenos Aires de posponer la evacuación de la toma. En las 100 hectáreas que ocupa el asentamiento del partido del Presidente Perón viven unas 2.000 familias, entre ellas casi 3.000 niños y jóvenes.

“Nadie durmió anoche”, dice el padre de Alejo. Marcelo Spadafora Robles explica que su hija menor Morena (11) y su madre, Mónica Guerrero, se fueron a dormir al barrio. “En medio de la noche las luces se apagaron y hubo una muy difícil sensación de inestabilidad”, describe.

¿Miedo? “Mis hijos los han estado recogiendo durante mucho tiempo, en la calle o en lugares donde sólo hay un pedazo de pan y diez niños tienen que comer. Tengo 54 años. ¿Cuánto tiempo puedo vivir? ¿10 años más? Quiero un terreno en el que pueda construir mi casa y dejársela a mis hijos cuando me vaya. Quiero un lugar donde puedan criar a sus conejos si quieren.

Desde su lanzamiento en 2014, Spadafora Robles ha hecho algunos trabajos como pintor. “Pero el trabajo estaba terminado y fui despedido. Y nadie quiere tomar a la gente que tiene antecedentes o vive en la calle”, dice.

“Bueno, hace años, vivíamos de recolectar cartón. Mi señora, si tiene que recoger huesos de la basura para hacer un guiso para los cuatro, lo hace. Y tenemos la Asignación Universal por Hijo y un plan social que me da 8500 pesos por mes,” dice. “No vas a comprar una casa con eso. Soy pintor, tengo un trabajo, pero no hay trabajo. Y trato desesperadamente de mirar a mis hijos y decir: “Papá, ahora conseguirá un trabajo y un préstamo para conseguir una casa. Eso es una mentira. Voy a ser un negro de carrera que va a estar recogiendo basura toda su vida.

– ¿Qué quieres hacer ahora?

– No me opongo al diálogo, pero primero pido que me traten con dignidad. Porque si se puede comprar con los medios que tengo, quiero comprarlo.

Luz, una vecina, asiente con la cabeza: “Yo tampoco tengo un problema. Si tienes que pagar, yo pagaré. Porque escucho a gente que no ha experimentado esto decir: “Ve a trabajar si quieres comprar una casa”. Pero no es así.”

“Hace diez años me inscribí en el plan de vivienda del municipio y voy a Desarrollo Social para pedirles que me escuchen”, dice la mujer. Siempre quise comprar, pero no me dieron la oportunidad. Es injusto sentarse en un lugar que no me pertenece, pero estábamos esperando una respuesta que nunca recibimos”.

Las organizaciones sociales, junto con los delegados de las familias, presentaron una propuesta al gobierno para la urbanización de parte de los terrenos bajo la Ley 14.449 de acceso equitativo al espacio vital. También critican la forma en que la administración de la Meseta de Kicillof lleva a cabo la lotería social de otra parte de la tierra.

“Se trata de las regiones 5 y 6, que están deshabitadas desde hace décadas”, dijo a nuestras fuentes Horacio Rodríguez (19), uno de los delegados de la toma de posesión, diciendo que “es absurdo lo que el gobierno provincial quiere hacer, que primero quiere despejar y luego dividir.

Spadafora Robles dice que está “mimado” por la espera y la criminalización de los habitantes del asentamiento: “Estoy aquí no porque no me importe la propiedad privada, estoy aquí porque necesito un pedazo de tierra. A menudo me he equivocado, pero no soy un sinvergüenza. No fumo, no bebo Merca, no bebo vino. Si fuera un ladrón, saldría a robar. Pero ya no quiero eso.

“Tengo 54 años y me doy cuenta de que mi vida está llegando a su fin y sigo siendo el mismo. Hubo algunos días en los que mis hijos no comieron. Si quieres, volveré a la cárcel, pero esta vez estoy luchando por lo que es legítimamente mío”, dice y extiende las identificaciones de la familia en una tabla de madera. “Para que vean que no miento, que existimos”, dice y marca el teléfono de su esposa.

“Estoy muy triste”, saluda Mónica Guerrero (43) y le dice a nuestras fuentes que el sufrimiento de los desamparados es tan grande que le da vergüenza ser escuchada por su esposo.

“Vivimos en la calle con los dos chicos durante casi seis años”, continúa la mujer, “comía lo que la gente me daba, muchas veces lo visitábamos en la prisión y nos quedábamos allí fuera de la prisión 23 porque no teníamos otro lugar donde ir. Bajo el puente de Constitución fui abusado sexualmente por otras personas en la calle. Y tenía miedo de volver.

“Ahora me siento muy mal, me trae malos recuerdos que quieren expulsarnos, y otra vez me quedaré en la calle. Nunca tuve una casa, pero lo que más me duele es no tener un techo sobre mi cabeza”, dice Guerrero. “Las personas involucradas en la toma de posesión siguen sufriendo, no tenemos el apoyo de nadie.

GS